Bienvenidos a mi espacio para el Alma…el Corazón…y los Sentidos…..

Entradas etiquetadas como “Reflexiónes

Pareciera que nada alcanza…..

575192_468169936562392_61784649_n

 

Pareciera que nada alcanza, somos inquilinos de la queja. Debatimos en interminables charlas de café con nuestra suerte el motivo por el cual vino hoy a molestar más que antes y, por supuesto, nunca menos que mañana.

Estamos convencidos de nuestro reproche. El tránsito carece de horizontes si sólo caminamos en el bosque.

Así y todo, creeremos que la gota sudada siempre será mayor que la merecida. Mamerto Menapace, cura viejo y entendido en la materia de vivir, dijo una vez: “Cada uno carga con la cruz que puede soportar”.

Ni más ni menos peso. Si aprendiéramos a disfrutar del viaje, ¿llegaríamos mejor a destino?……..

Quizá buena parte de la queja extendida y cotidiana que respiramos, y que poluciona nuestra mente y nuestro corazón, parta de un malentendido original.

Según éste, tendríamos un destino asegurado. Queremos encontrarnos en él sin viajar y reclamamos si hay que hacer el tránsito. Pero todo el secreto está en el viaje, en sus incidentes, en sus riesgos y en cada uno de sus albures.

Si se pudiera llegar sin viajar, nada habría para contar. Estaríamos privados de la experiencia. No sólo se quejan quienes encuentran obstáculos durante la travesía, sino también quienes llegan por un atajo.

Tienen lo deseado, pero no los abandona la ansiedad, ni el desasosiego ni la sensación de vacío. No venimos al mundo con un destino asegurado bajo el brazo, ni con una garantía de que lo alcanzaremos ni con un seguro para el caso de que no fuere así.

Si algo marca cada vida, es un interrogante congénito: ¿cuál es el sentido de esa vida? De ahí en más, se trata de responder, no de pedir cuentas. Y la respuesta está en el viaje y su peripecia, no en la llegada.

Traemos el bagaje esencial para el periplo y suele suceder que quienes se quejan de un exceso de peso en su equipaje busquen al culpable en el entorno sin preguntarse si no han sido ellos mismos quienes la crearon con sus elecciones, decisiones y conductas.

No sólo se disfruta de un viaje cuando es plácido, sino también cuando, a pesar de las dificultades, no nos apartamos del camino.

Los obstáculos suelen ser la forma en que la vida nos pregunta acerca de nuestras convicciones, vocación, afectos y valores. Finalmente llega mejor quien responde mientras viaja.

De Corazón

Anuncios

Magnífico Instinto…..

539454_505813679457645_195985561_n

Es el instinto uno de nuestros rasgos más complejos y empíricos. A veces olvidado, pero siempre presente, nos acompaña desde que nacemos hasta el último suspiro.

Nos ilumina en el peligro, nos abraza en el amor, nos inspira para los romances del trabajo y nos guía en aquellos interminables silencios de duda. Es un atributo animal que en la talla de nuestro crecimiento suma razón, va afinando su esencia hasta convertirse en un gran aliado.

¿Qué es la belleza humana? Es una mezcla de tantos atributos entre los que se destaca el encanto. El encanto humano está formado no sólo por la mera magnificencia corporal, sino también por los rasgos intelectuales y el lenguaje corporal. Un embrujo, una magia.

La forma de caminar, el movimiento de las manos, el mirar y el reír van formando quienes verdaderamente somos. Estos trazos son los atributos personales que más cautivan.

Reírse con alguien tiene un atracción subliminal: ” Tienes, sin vergüenza alguna, derecho a todo con quien te hace reír”.

No podemos dejar de mencionar el encanto fingido, aquel que sale de una pose por agradar. Posiblemente ese encanto ficticio se alimente del hambre de los instintos no acatados.

La belleza también es afectada por los rasgos del instinto.

Ella presume de lo estético, pero al final la verdadera atracción esta gobernada más por quienes somos; la suma de nuestra gallardía y silencio interior hablan más fuerte que cualquier afectación.

Así, el instinto que nos acecha en lustrosa compañía desde muy jóvenes va formando a través de la percepción nuestro carácter y genio.

Hay también una fuerte erosión cultural que muchas veces va tapando esa voz instintiva que intenta salir cada vez que puede y sufre de una represión moral que echa un velo sobre nuestro hacer.

Posiblemente los instintos más fundamentales a ser puestos en valor sean los de la adolescencia, ya que en esos años, a veces en formas abruptas, las centellas confusas van dando línea a quienes seremos, a quien verdaderamente debemos defender: nosotros mismos.

Los mayores deben ser respetuosos de estos rasgos tempranos, ya que de nada sirve educar a nuestra imagen y semejanza.

Siempre recuerdo con admiración a una mujer, redonda de más, que caminó sola a lo largo de una intimidante galería muy iluminada de un teatro.

Su actitud y seguridad eran tales que resultaba imposible admirar otra cosa más que su galante, sobrio y decoroso pasar, un atractivo tan cautivante como puro y cristalino. Pero era su alma la que la presidía, tallada en su instinto.

De Corazón


Disfrutar del Viaje…..

 

WP Disfrutar el camino

 

Pareciera que nada alcanza, somos inquilinos de la queja. Debatimos en interminables charlas de café con nuestra suerte el motivo por el cual vino hoy a molestar más que antes y, por supuesto, nunca menos que mañana. Estamos convencidos de nuestro reproche.

El tránsito carece de horizontes si sólo caminamos en el bosque. Así y todo, creeremos que la gota sudada siempre será mayor que la merecida. Mamerto Menapace, cura anciano y entendido en la materia de vivir, dijo una vez: “Cada uno carga con la cruz que puede soportar”. Ni más ni menos peso.

Si aprendiéramos a disfrutar del viaje, ¿llegaríamos mejor a destino?

Quizá buena parte de la queja extendida y cotidiana que respiramos, y que poluciona nuestra mente y nuestro corazón, parta de un malentendido original.

Según éste, tendríamos un destino asegurado. Queremos encontrarnos en él sin viajar y reclamamos si hay que hacer el tránsito. Pero todo el secreto está en el viaje, en sus incidentes, en sus riesgos y en cada uno de sus albures. Si se pudiera llegar sin viajar, nada habría para contar.

Estaríamos privados de la experiencia. No sólo se quejan quienes encuentran obstáculos durante la travesía, sino también quienes llegan por un atajo. Tienen lo deseado, pero no los abandona la ansiedad, ni el desasosiego ni la sensación de vacío.

No venimos al mundo con un destino asegurado bajo el brazo, ni con una garantía de que lo alcanzaremos ni con un seguro para el caso de que no fuere así. Si algo marca cada vida, es un interrogante congénito: ¿cuál es el sentido de esa vida?

De ahí en más, se trata de responder, no de pedir cuentas. Y la respuesta está en el viaje y su peripecia, no en la llegada. Traemos el bagaje esencial para el periplo y suele suceder que quienes se quejan de un exceso de peso en su equipaje busquen al culpable en el entorno sin preguntarse si no han sido ellos mismos quienes la crearon con sus elecciones, decisiones y conductas.

No sólo se disfruta de un viaje cuando es plácido, sino también cuando, a pesar de las dificultades, no nos apartamos del camino. Los obstáculos suelen ser la forma en que la vida nos pregunta acerca de nuestras convicciones, vocación, afectos y valores. Finalmente llega mejor quien responde mientras viaja.

 

De Corazón


Agradecimiento Liberador

 

Gracias

 

¿El agradecimiento tiene fecha de vencimiento o uno debe pagar toda su vida los favores recibidos, como dice el tango?.

Cuando aparecen los “y todo lo que hice yo por ella”, después de mucho tiempo y pensando que uno ya ha pagado suficientes facturas en la vida, me pregunto cuándo termina esto, cuándo uno se libera de agradecimientos de por vida.

¿Hay alguien o algo que ponga el sello de “pagado” a los favores recibidos?

Si la ayuda que se nos brindó se convierte en una hipoteca con cuotas eternas, quien nos favoreció estuvo haciendo una inversión especulativa.

No nos ayudaba. Se ayudaba. Apuntalaba su ego, intentaba fortalecer su autoimagen. La ausencia de agradecimiento es tan empobrecedora como el permanente recuerdo de lo que se hizo por otro.

El psiquiatra Richard Alpert, que se convirtiera en el maestro espiritual Ram Dass, se refiere a esto en ¿Cómo puedo ayudar?: “Una vez que asociamos la ayuda a una recompensa, comenzamos a utilizarla al servicio de una amplia gama de motivos personales, en lugar de convertirla en expresión de nuestra compasión natural”.

Cuando a una acción de ayuda se responde con una acción de agradecimiento, allí se cierra un círculo virtuoso.

El ayudador y el ayudado quedan libres y es posible que, en los caminos de la vida, en algún momento intercambien sus lugares. Podrán hacerlo con gracia, virtud y desapego.

Si no es así, quedan atrapados en una red de manipulación que degrada a uno y encarcela al otro en la culpa y el agobio.

Ponerle el sello de pagado al favor recibido es fruto de un mutuo acuerdo. Y este se firma con la indeleble tinta de la buena fe.

Es de mala fe no agradecer y también lo es creer que haber ayudado nos convierte en acreedores perpetuos. Esto ocurre cuando el que ayuda se enamora de su propia imagen de asistente.

Entonces andará siempre a la búsqueda de un necesitado, sentirá que si no ayuda no es y exigirá un permanente agradecimiento que lo confirme en su rol. En ese caso, el sello de pagado lo debe poner quien ya supo agradecer.

 

De Corazón


ENTRE SECRETOS Y MISTERIOS

WP Entre Secretos

Los secretos dicen mucho, a pesar de que su función es callar y ocultar. Pero hay que diferenciarlos de los misterios. Un misterio es aquello que no tiene explicación (como la belleza, según Borges).

No se trata de que esa explicación se oculte o se escamotee: simplemente no se la tiene. El misterio está en la naturaleza misma de los seres y de las cosas, está en el alma de las personas y en el anima mundi (el alma del mundo).

Ante él sólo queda rendirse, aceptarlo, asombrarse y, muchas veces, incluso celebrarlo. Con los misterios se convive mientras se sabe que existen. Ellos nos hacen más humildes y nos recuerdan que no hay, inevitablemente, un esclarecimiento posible para cada hecho, cada actitud, cada manifestación.

“Estoy satisfecho con el misterio de la eternidad de la vida y con el conocimiento, el sentido, de la maravillosa estructura de la existencia. Con el humilde intento de comprender aunque más no sea una porción diminuta de la Razón que se manifiesta en la Naturaleza”, decía Albert Einstein.

Cuando convivimos con alguien, en la pareja, en la familia, en la amistad, en cualquier vínculo de proximidad y continuidad, convivimos también con sus misterios (y el otro convive con los nuestros).

No hay en esto manipulación, cálculo ni mala fe. Aprender a vivir con los misterios de alguien es aprender a aceptarlo. Pero otra cosa son los secretos. En un juego de naipes, la razón por la cual ciertas cartas nos tocan, aparecen o desaparecen resulta misteriosa mientras el juego es limpio.

Pero si uno de los jugadores oculta una de las cartas y sólo él lo sabe, ya no hay misterio, hay un secreto. El secreto es aquello que se oculta a sabiendas y con un fin. Las parejas y las familias suelen tener más secretos de los que admiten.

Algunos de estos pretenden preservar la imagen que las personas -o el grupo familiar- tienen de sí mismas o pretenden que se tenga de ellas. Serían secretos con fines de reputación.

Otros procuran ahorrar a las nuevas generaciones ciertos dolores o vergüenzas padecidos por las anteriores. Pero las culpas de quienes nos precedieron no nos hacen culpables, y saber de ellas nos da la posibilidad de elegir un camino propio.

Hay secretos que permiten a ciertos individuos ejercer poder sobre otros. Y existen los secretos que, en la evaluación de quienes los impulsan, se piensan como actos de amor, de cuidado, de protección hacia aquellos a quienes se priva de determinada información.

Lo cierto es que, en todos los casos, si algo se mantiene en secreto es porque se lo considera grave. Puede ocurrir, sin embargo, que un par de generaciones después eso ya no tenga aquella seriedad.

Los tiempos cambian y, con ellos, también las perspectivas. Sin embargo, no siempre el problema es el contenido del secreto, sino la propia existencia de lo oculto, sea por el motivo que fuere.

En el libro “Mis antepasados me duelen”, una extraordinaria serie de entrevistas efectuadas por Patrice van Eersel y Catherine Maillard a destacados especialistas en psicogenealogía (que estudia cómo se construyen las identidades a partir de la historia familiar de cada quien), el psicoterapeuta Serge Tisseron apunta al modo en que los secretos destruyen la confianza.

Para Didier Dumas, otro de los entrevistados, los secretos instalan un fantasma en la saga familiar (o de la pareja) y enferman el alma.

Ese fantasma ronda, aunque no se lo nombre, y aquel a quien no se le dicen las cosas termina por intuir de todos modos eso que falta y que es vital para su propia identidad, porque podemos ser nosotros mismos (esa ambición tan difundida) cuando contamos con toda nuestra verdad, que incluye nuestra verdadera historia y raíces.

Así podremos elegir qué hacer con ella, qué partes de la misma continuar y cuáles abandonar para forjar así nuestro propio camino. El propio Tisseron señala que quien decide romper la ley del silencio empieza un proceso de curación, personal y del vínculo.

No son necesariamente los hechos de una vida los que enferman, sino lo que se hace con ellos.

De Corazón


Cada momento tiene un sentido

Cada momento tiene un sentido

 

Si existiese la fórmula para disfrutar de la vida, probablemente algún oportunista ya la habría patentado y sólo accederían a ella quienes pudieran pagar.

Pero la receta no existe. ¿Qué es disfrutar de la vida? ¿Divertirse hasta el aturdimiento? ¿Evadir toda reflexión comprometida? ¿Dedicar tiempo a nuestros seres queridos?

¿Hacer con alegría aquello en lo que se expresan nuestras habilidades y posibilidades? ¿Se trata de buscar un placer detrás de otro, así haya que endeudarse para ello? ¿O de contemplar sin apuro y sin objetivos productivos la vida que nos rodea?

¿Es anestesiarse con adrenalina? ¿O emprender una travesía en la cual viajar es más importante que llegar?

¿Puede el disfrute vital ser un objetivo a alcanzar, como si fuera un premio o una presa?¿O será, quizás, la consecuencia de aquello que hacemos y de cómo lo hacemos, de aquello que vivimos y de cómo lo vivimos?

El monje benedictino Anselm Grün dice, en El pequeño libro de la vida, que terminé de leer hace unos días atrás, haber conocido gente que cuando está de vacaciones no puede abandonarse a la belleza del paisaje, porque se pregunta si ha realizado la reserva en el sitio correcto, o si no podría haber ido a un destino con un clima mejor, o cuando encuentran a una persona en lugar de gozar de ese encuentro se ponen a pensar qué opinan de esa persona, o cuando están rezando se preguntan si esa oración será atendida.

Dice Grün que sólo cuando puede dejar de controlar el efecto externo de cada una de sus acciones es capaz de “aceptar un encuentro, de una conversación, y disfrutar de eso que hay entre nosotros”.

O disfrutar, agrego de mi parte, de eso que hay entre yo y el paisaje, entre yo y los sonidos, entre yo y aquella tarea a la que estoy entregado.

Esto requiere permanecer en el tiempo y en el lugar presente. El presente no es un instante suspendido de la nada en la inmensidad del tiempo.

Es un momento rico, profundo y trascendente, puesto que se alimenta de todo lo transcurrido y se tiende, desde esas raíces, hacia lo que viene. No es necesario regresar a nuestra infancia, para disfrutar de la vida.

Por una parte, ese regreso no es posible y, en mi opinión, bien puede significar una huida del presente, en el cual está nuestra vida real y del cual la propia vida nos pide, a través de las situaciones que nos plantea, que nos hagamos cargo.

Cada momento de la existencia es la actualización de un continuo presente, cada etapa nos propone sus propios motivos para disfrutar, si es que nos mantenemos en ella.

Rumi, poeta persa que vivió entre 1207 y 1273, escribió: Deja que la belleza que amas se exprese en tu acción. Quizás decía que estando en donde estamos y haciendo lo que hacemos es como se percibirá el disfrute de vivir.

Para ello quizá sea necesario quitar las barreras del ruido, de la conversación insustancial, de las urgencias, de la ansiedad por lograr, producir o algo, lo que sea, como fuere.

Quizás debamos dejar de atosigarnos con estímulos artificiales, prometedores de placeres fugaces.

Cada momento encierra un sentido para quien lo vive. Es un significado propio y único, que se descubre si se está allí para responder a esta pregunta: ¿aquí y ahora, este minuto del tiempo infinito tiene sentido para mí?

Asombra la cantidad de veces que la respuesta es afirmativa. Ello sólo depende de estar conectado con los seres y las actividades que son parte de ese presente. Depende también de si nuestros sentimientos y valores están vivos y activos en ese momento.

Y depende, por fin, de nuestra actitud ante lo que nos sucede, fuera lo que fuese. Se disfruta de la vida y se comprende su grandeza, cuando se capta el sentido del momento, el cual puede anidar tanto en la alegría como en el dolor.

Y más aún cuando se advierte que hay un sentido de mayor vastedad, último, al que acaso no se absorbe en un solo instante, sino con el andar del tiempo. Nada de esto, insisto, es una fórmula.

Es apenas la propuesta y el testimonio de una experiencia, que sólo puede resultar personal e intransferible.

 

Imagen


2013…..Mis Deseos

André Malraux dijo que el siglo XXI será espiritual o no será……..

WP3

 

. Que toda nueva vida que nace sea una vida querida y que tenga las mejores condiciones para su crecimiento y su educación. Ya que de estos niños queridos será el reino del mañana.

. Que los adultos no nos olvidemos y descuidemos a nuestros mayores, que su vejez esté rodeada de tranquilidad y dignidad, condiciones imprescindibles para afrontar con serenidad la muerte.

·Que se dediquen muchos más recursos a la educación tanto de pequeños como de adultos pues la ignorancia es la otra gran bomba que convierte una civilización en una mera barbarie.

· Que se sepa que ninguna guerra es rentable pues todos pierden. Pierden los seres más frágiles, los niños, las mujeres, los ancianos. Se destruyen medios, se contaminan tierras, se mueren culturas. Nada las justifica. No se justifica las minas anti-personas ni las guerras bacteriológicas o químicas. No podemos estar pendientes de una amenaza nuclear. No se pueden justificar los presupuestos militares que tantos intereses mueven y que convierten viejas rencillas en verdaderas guerras intestinas a lo ancho y largo del orbe.

·Que no hagamos apología de la violencia con todas esas miles de muertes ficticias en películas para adultos y dibujos para niños. Que la violencia sea vista como un fracaso de la razón, del diálogo, un fruto borde de cualquier cultura.

· Que sepamos todos que hay suficiente comida para que nadie muera de hambre, y suficientes recursos y tecnologías para solventar las necesidades primarias. Que estamos atrapados en nuestro confort y en nuestros sistema de bienestar y que nos importa que una niña occidental quede atrapada en un pozo pero no que tres mil indígenas sean masacrados en cualquier selva sudamericana.

· Que la ecología sea una nueva religión porque su conocimiento salvará a un planeta enfermo. Conciencia de que los recursos naturales son limitados y que pertenecen a todos. Conciencia de que el consumo tiene que ser responsable y que el reciclaje de los desechos es la única posibilidad de mantener un desarrollo sostenible.

· Que tomemos conciencia de que nuestro frágil planeta está perdido en una inmensidad y que todos pertenecemos a esta aldea planetaria. Que nuestra idea de humanidad arrope en su conjunto al blanco y a la persona de color, al esquimal como al pigmeo, al joven como al anciano, al loco como al supuestamente cuerdo, al cristiano como al ateo.

· Que se destierren las verdades absolutas, aquellas que han generado cruzadas y genocidios, y que cada uno tenga la suya mientras respete la ajena, y que si quiere la comparta sin impedimentos.

· Que la diferencia de raza, credo, costumbre no sea vivida como un ataque a lo propio sino como un enriquecimiento a nuestra limitación. La selva, como la vida, es un espacio de biodiversidad en profunda interacción. Que el egoismo exacerbado, la xenofobia y sobre todo el racismo sean malos sueños de una personalidad inmadura, de una sociedad de ancestrales miedos.

· Que vayamos hacia una mayor globalidad y entendimiento recuperando lo peculiar, lo local, lo íntimo de cada cultura. Dialogar entre lo macro y lo micro para no perder la dimensión justa de lo humano.

· Que cada individuo pueda decidir dónde vivir y dónde trabajar, que sea considerado un ciudadano del mundo. De la misma manera que pueda decidir dónde morir.

. Que los niños y niñas no sean explotados como mano de obra barata, como carne fresca de prostitución. Que la violencia física y psicológica hacia ellos sea combatida, que por primera vez les preguntemos en su propio código cómo quieren vivir y crecer.

· Que la violencia doméstica hacia las mujeres sea denunciada y que la moral hipócrita de encubrimiento sea señalada. Que reflexionemos todos sobre las consecuencias históricas del patriarcado y que alumbremos entre todos una era más igualitaria. Por eso en todos los gobiernos tienen que equipararse en mujeres parlamentarias en pos de unas leyes más justas.

· Que los políticos sean más sabios y menos especuladores, con más conciencia de un servicio a la comunidad y menos encumbrados en el poder. Y que votemos todos más al programa electoral que a la imagen del político. Que seamos activos en la política ciudadana y que pidamos cuentas a los responsables.

· Que la deuda externa de tantos países pobres sean condonada después de tanta colonización desalmada, de tanta explotación humana y de tanto expolio de materias primas. Pues no se trata de dar limosnas sino de reparar históricamente lo que se ha dañado.

· Que la brecha entre ricos y pobres se vaya cerrando. Que es absolutamente injusto que las cien personas más ricas del mundo posean más riqueza que cien millones de seres humanos juntos desfavorecidos por el sistema.

· Que todos tengamos derecho a una información clara y objetiva de los sucesos importantes que pasan en el mundo. Que los medios de comunicación no sean una cortina de humo para desviar la atención de las claves importantes del sistema y que sirvan para educar y no para atontar y embrutecer a una sociedad que ya está bastante castigada.

· Que la publicidad no mueva tantos billones y que no compre la cultura a su favor. Que para vender un coche no prostituya nuestra mitología, nuestros símbolos, nuestros valores más sagrados.

· Que en vez de perseguir las drogas se vaya a la raíz de la insatisfacción individual que las favorece, para desterrar la necesidad de consumirlas. Que se vea que la prohibición genera más negocio y causa más problemas que los que la misma dependencia trae consigo.

· Que se vea claramente la vinculación del secreto bancario con el dinero negro y con las mafias que trafican con armas, prostitución y drogas, y que tan fácilmente corrompen políticos y empresas.

· Que los desastres naturales sean sólo eso, y que no estén agravados por la especulación inmobiliaria que no construye sólidamente ante terremotos o huracanes. Desastres agravados también por la ineficacia, por la corrupción y por la falta de previsión.

· Que el motor del prestigio en una sociedad no sea el tener, la fama o el dinero, sino la solidaridad, la redistribución, el altruismo. Cambiar el cliché del tener al ser, de la riqueza conspicua a la riqueza de sabiduría.

· Que el ocio no sea sólo un ocio pasivo y consumista sino apostar también por un ocio activo y de participación donde la reina de los eventos fuera la creatividad.

· Que el cuerpo deje de ser una cosa para convertirse en un sentir. Que el cuerpo no tenga que soportar la pesada imagen social, la banalidad de las modas, la esteriotipada belleza y despertar a la sensibilidad, al movimiento, a la armonía y la salud.

· Que el marcar cuatro goles sobre el césped no tenga más valor que el descubrir un nuevo conocimiento para la humanidad o el escribir una loable poesía.

· Que no haya escondite en el mundo donde se puedan esconder dictadores, terroristas y criminales. Que una justicia mundial los persiga.

· Que el mundo no se convierta en una mercancia ni en un escaparate. Que el dinero no lo sea todo. Que no se pueda medir un bosque, un río o una selva por el rendimiento maderero o energético. Que perdiendo el alma del mundo perderemos nuestra propia alma.

· Que nos demos cuenta que la vida es una oportunidad única para realizarnos como personas y para engrandecer la humanidad de la que participamos. Que nadie será verdaderamente feliz mientras haya un niño que muera de hambre, un enfermo desatendido, una persona en algún lugar torturada por sus ideas.

· Que sólo una invitación a la sabiduría salvará el mundo, que sólo una actitud amorosa allanará los obstáculos en la comunicación, que sólo una disponibilidad para mejorar el mundo creará las bases para florecer culturalmente.

· Que esta modesta carta de deseos llegue hasta los poderosos con la misma velocidad con la que corren los rumores o los chismes más frívolos.

· Que esta lista deje de ser una mera enumeración para ponernos todos manos a la obra, para que este inmenso barco en el que todos estamos deje de ir a la deriva.