Bienvenidos a mi espacio para el Alma…el Corazón…y los Sentidos…..

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Pareciera que nada alcanza…..

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Pareciera que nada alcanza, somos inquilinos de la queja. Debatimos en interminables charlas de café con nuestra suerte el motivo por el cual vino hoy a molestar más que antes y, por supuesto, nunca menos que mañana.

Estamos convencidos de nuestro reproche. El tránsito carece de horizontes si sólo caminamos en el bosque.

Así y todo, creeremos que la gota sudada siempre será mayor que la merecida. Mamerto Menapace, cura viejo y entendido en la materia de vivir, dijo una vez: “Cada uno carga con la cruz que puede soportar”.

Ni más ni menos peso. Si aprendiéramos a disfrutar del viaje, ¿llegaríamos mejor a destino?……..

Quizá buena parte de la queja extendida y cotidiana que respiramos, y que poluciona nuestra mente y nuestro corazón, parta de un malentendido original.

Según éste, tendríamos un destino asegurado. Queremos encontrarnos en él sin viajar y reclamamos si hay que hacer el tránsito. Pero todo el secreto está en el viaje, en sus incidentes, en sus riesgos y en cada uno de sus albures.

Si se pudiera llegar sin viajar, nada habría para contar. Estaríamos privados de la experiencia. No sólo se quejan quienes encuentran obstáculos durante la travesía, sino también quienes llegan por un atajo.

Tienen lo deseado, pero no los abandona la ansiedad, ni el desasosiego ni la sensación de vacío. No venimos al mundo con un destino asegurado bajo el brazo, ni con una garantía de que lo alcanzaremos ni con un seguro para el caso de que no fuere así.

Si algo marca cada vida, es un interrogante congénito: ¿cuál es el sentido de esa vida? De ahí en más, se trata de responder, no de pedir cuentas. Y la respuesta está en el viaje y su peripecia, no en la llegada.

Traemos el bagaje esencial para el periplo y suele suceder que quienes se quejan de un exceso de peso en su equipaje busquen al culpable en el entorno sin preguntarse si no han sido ellos mismos quienes la crearon con sus elecciones, decisiones y conductas.

No sólo se disfruta de un viaje cuando es plácido, sino también cuando, a pesar de las dificultades, no nos apartamos del camino.

Los obstáculos suelen ser la forma en que la vida nos pregunta acerca de nuestras convicciones, vocación, afectos y valores. Finalmente llega mejor quien responde mientras viaja.

De Corazón

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Magnífico Instinto…..

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Es el instinto uno de nuestros rasgos más complejos y empíricos. A veces olvidado, pero siempre presente, nos acompaña desde que nacemos hasta el último suspiro.

Nos ilumina en el peligro, nos abraza en el amor, nos inspira para los romances del trabajo y nos guía en aquellos interminables silencios de duda. Es un atributo animal que en la talla de nuestro crecimiento suma razón, va afinando su esencia hasta convertirse en un gran aliado.

¿Qué es la belleza humana? Es una mezcla de tantos atributos entre los que se destaca el encanto. El encanto humano está formado no sólo por la mera magnificencia corporal, sino también por los rasgos intelectuales y el lenguaje corporal. Un embrujo, una magia.

La forma de caminar, el movimiento de las manos, el mirar y el reír van formando quienes verdaderamente somos. Estos trazos son los atributos personales que más cautivan.

Reírse con alguien tiene un atracción subliminal: ” Tienes, sin vergüenza alguna, derecho a todo con quien te hace reír”.

No podemos dejar de mencionar el encanto fingido, aquel que sale de una pose por agradar. Posiblemente ese encanto ficticio se alimente del hambre de los instintos no acatados.

La belleza también es afectada por los rasgos del instinto.

Ella presume de lo estético, pero al final la verdadera atracción esta gobernada más por quienes somos; la suma de nuestra gallardía y silencio interior hablan más fuerte que cualquier afectación.

Así, el instinto que nos acecha en lustrosa compañía desde muy jóvenes va formando a través de la percepción nuestro carácter y genio.

Hay también una fuerte erosión cultural que muchas veces va tapando esa voz instintiva que intenta salir cada vez que puede y sufre de una represión moral que echa un velo sobre nuestro hacer.

Posiblemente los instintos más fundamentales a ser puestos en valor sean los de la adolescencia, ya que en esos años, a veces en formas abruptas, las centellas confusas van dando línea a quienes seremos, a quien verdaderamente debemos defender: nosotros mismos.

Los mayores deben ser respetuosos de estos rasgos tempranos, ya que de nada sirve educar a nuestra imagen y semejanza.

Siempre recuerdo con admiración a una mujer, redonda de más, que caminó sola a lo largo de una intimidante galería muy iluminada de un teatro.

Su actitud y seguridad eran tales que resultaba imposible admirar otra cosa más que su galante, sobrio y decoroso pasar, un atractivo tan cautivante como puro y cristalino. Pero era su alma la que la presidía, tallada en su instinto.

De Corazón


Disfrutar del Viaje…..

 

WP Disfrutar el camino

 

Pareciera que nada alcanza, somos inquilinos de la queja. Debatimos en interminables charlas de café con nuestra suerte el motivo por el cual vino hoy a molestar más que antes y, por supuesto, nunca menos que mañana. Estamos convencidos de nuestro reproche.

El tránsito carece de horizontes si sólo caminamos en el bosque. Así y todo, creeremos que la gota sudada siempre será mayor que la merecida. Mamerto Menapace, cura anciano y entendido en la materia de vivir, dijo una vez: “Cada uno carga con la cruz que puede soportar”. Ni más ni menos peso.

Si aprendiéramos a disfrutar del viaje, ¿llegaríamos mejor a destino?

Quizá buena parte de la queja extendida y cotidiana que respiramos, y que poluciona nuestra mente y nuestro corazón, parta de un malentendido original.

Según éste, tendríamos un destino asegurado. Queremos encontrarnos en él sin viajar y reclamamos si hay que hacer el tránsito. Pero todo el secreto está en el viaje, en sus incidentes, en sus riesgos y en cada uno de sus albures. Si se pudiera llegar sin viajar, nada habría para contar.

Estaríamos privados de la experiencia. No sólo se quejan quienes encuentran obstáculos durante la travesía, sino también quienes llegan por un atajo. Tienen lo deseado, pero no los abandona la ansiedad, ni el desasosiego ni la sensación de vacío.

No venimos al mundo con un destino asegurado bajo el brazo, ni con una garantía de que lo alcanzaremos ni con un seguro para el caso de que no fuere así. Si algo marca cada vida, es un interrogante congénito: ¿cuál es el sentido de esa vida?

De ahí en más, se trata de responder, no de pedir cuentas. Y la respuesta está en el viaje y su peripecia, no en la llegada. Traemos el bagaje esencial para el periplo y suele suceder que quienes se quejan de un exceso de peso en su equipaje busquen al culpable en el entorno sin preguntarse si no han sido ellos mismos quienes la crearon con sus elecciones, decisiones y conductas.

No sólo se disfruta de un viaje cuando es plácido, sino también cuando, a pesar de las dificultades, no nos apartamos del camino. Los obstáculos suelen ser la forma en que la vida nos pregunta acerca de nuestras convicciones, vocación, afectos y valores. Finalmente llega mejor quien responde mientras viaja.

 

De Corazón


Agradecimiento Liberador

 

Gracias

 

¿El agradecimiento tiene fecha de vencimiento o uno debe pagar toda su vida los favores recibidos, como dice el tango?.

Cuando aparecen los “y todo lo que hice yo por ella”, después de mucho tiempo y pensando que uno ya ha pagado suficientes facturas en la vida, me pregunto cuándo termina esto, cuándo uno se libera de agradecimientos de por vida.

¿Hay alguien o algo que ponga el sello de “pagado” a los favores recibidos?

Si la ayuda que se nos brindó se convierte en una hipoteca con cuotas eternas, quien nos favoreció estuvo haciendo una inversión especulativa.

No nos ayudaba. Se ayudaba. Apuntalaba su ego, intentaba fortalecer su autoimagen. La ausencia de agradecimiento es tan empobrecedora como el permanente recuerdo de lo que se hizo por otro.

El psiquiatra Richard Alpert, que se convirtiera en el maestro espiritual Ram Dass, se refiere a esto en ¿Cómo puedo ayudar?: “Una vez que asociamos la ayuda a una recompensa, comenzamos a utilizarla al servicio de una amplia gama de motivos personales, en lugar de convertirla en expresión de nuestra compasión natural”.

Cuando a una acción de ayuda se responde con una acción de agradecimiento, allí se cierra un círculo virtuoso.

El ayudador y el ayudado quedan libres y es posible que, en los caminos de la vida, en algún momento intercambien sus lugares. Podrán hacerlo con gracia, virtud y desapego.

Si no es así, quedan atrapados en una red de manipulación que degrada a uno y encarcela al otro en la culpa y el agobio.

Ponerle el sello de pagado al favor recibido es fruto de un mutuo acuerdo. Y este se firma con la indeleble tinta de la buena fe.

Es de mala fe no agradecer y también lo es creer que haber ayudado nos convierte en acreedores perpetuos. Esto ocurre cuando el que ayuda se enamora de su propia imagen de asistente.

Entonces andará siempre a la búsqueda de un necesitado, sentirá que si no ayuda no es y exigirá un permanente agradecimiento que lo confirme en su rol. En ese caso, el sello de pagado lo debe poner quien ya supo agradecer.

 

De Corazón


2013…..Mis Deseos

André Malraux dijo que el siglo XXI será espiritual o no será……..

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. Que toda nueva vida que nace sea una vida querida y que tenga las mejores condiciones para su crecimiento y su educación. Ya que de estos niños queridos será el reino del mañana.

. Que los adultos no nos olvidemos y descuidemos a nuestros mayores, que su vejez esté rodeada de tranquilidad y dignidad, condiciones imprescindibles para afrontar con serenidad la muerte.

·Que se dediquen muchos más recursos a la educación tanto de pequeños como de adultos pues la ignorancia es la otra gran bomba que convierte una civilización en una mera barbarie.

· Que se sepa que ninguna guerra es rentable pues todos pierden. Pierden los seres más frágiles, los niños, las mujeres, los ancianos. Se destruyen medios, se contaminan tierras, se mueren culturas. Nada las justifica. No se justifica las minas anti-personas ni las guerras bacteriológicas o químicas. No podemos estar pendientes de una amenaza nuclear. No se pueden justificar los presupuestos militares que tantos intereses mueven y que convierten viejas rencillas en verdaderas guerras intestinas a lo ancho y largo del orbe.

·Que no hagamos apología de la violencia con todas esas miles de muertes ficticias en películas para adultos y dibujos para niños. Que la violencia sea vista como un fracaso de la razón, del diálogo, un fruto borde de cualquier cultura.

· Que sepamos todos que hay suficiente comida para que nadie muera de hambre, y suficientes recursos y tecnologías para solventar las necesidades primarias. Que estamos atrapados en nuestro confort y en nuestros sistema de bienestar y que nos importa que una niña occidental quede atrapada en un pozo pero no que tres mil indígenas sean masacrados en cualquier selva sudamericana.

· Que la ecología sea una nueva religión porque su conocimiento salvará a un planeta enfermo. Conciencia de que los recursos naturales son limitados y que pertenecen a todos. Conciencia de que el consumo tiene que ser responsable y que el reciclaje de los desechos es la única posibilidad de mantener un desarrollo sostenible.

· Que tomemos conciencia de que nuestro frágil planeta está perdido en una inmensidad y que todos pertenecemos a esta aldea planetaria. Que nuestra idea de humanidad arrope en su conjunto al blanco y a la persona de color, al esquimal como al pigmeo, al joven como al anciano, al loco como al supuestamente cuerdo, al cristiano como al ateo.

· Que se destierren las verdades absolutas, aquellas que han generado cruzadas y genocidios, y que cada uno tenga la suya mientras respete la ajena, y que si quiere la comparta sin impedimentos.

· Que la diferencia de raza, credo, costumbre no sea vivida como un ataque a lo propio sino como un enriquecimiento a nuestra limitación. La selva, como la vida, es un espacio de biodiversidad en profunda interacción. Que el egoismo exacerbado, la xenofobia y sobre todo el racismo sean malos sueños de una personalidad inmadura, de una sociedad de ancestrales miedos.

· Que vayamos hacia una mayor globalidad y entendimiento recuperando lo peculiar, lo local, lo íntimo de cada cultura. Dialogar entre lo macro y lo micro para no perder la dimensión justa de lo humano.

· Que cada individuo pueda decidir dónde vivir y dónde trabajar, que sea considerado un ciudadano del mundo. De la misma manera que pueda decidir dónde morir.

. Que los niños y niñas no sean explotados como mano de obra barata, como carne fresca de prostitución. Que la violencia física y psicológica hacia ellos sea combatida, que por primera vez les preguntemos en su propio código cómo quieren vivir y crecer.

· Que la violencia doméstica hacia las mujeres sea denunciada y que la moral hipócrita de encubrimiento sea señalada. Que reflexionemos todos sobre las consecuencias históricas del patriarcado y que alumbremos entre todos una era más igualitaria. Por eso en todos los gobiernos tienen que equipararse en mujeres parlamentarias en pos de unas leyes más justas.

· Que los políticos sean más sabios y menos especuladores, con más conciencia de un servicio a la comunidad y menos encumbrados en el poder. Y que votemos todos más al programa electoral que a la imagen del político. Que seamos activos en la política ciudadana y que pidamos cuentas a los responsables.

· Que la deuda externa de tantos países pobres sean condonada después de tanta colonización desalmada, de tanta explotación humana y de tanto expolio de materias primas. Pues no se trata de dar limosnas sino de reparar históricamente lo que se ha dañado.

· Que la brecha entre ricos y pobres se vaya cerrando. Que es absolutamente injusto que las cien personas más ricas del mundo posean más riqueza que cien millones de seres humanos juntos desfavorecidos por el sistema.

· Que todos tengamos derecho a una información clara y objetiva de los sucesos importantes que pasan en el mundo. Que los medios de comunicación no sean una cortina de humo para desviar la atención de las claves importantes del sistema y que sirvan para educar y no para atontar y embrutecer a una sociedad que ya está bastante castigada.

· Que la publicidad no mueva tantos billones y que no compre la cultura a su favor. Que para vender un coche no prostituya nuestra mitología, nuestros símbolos, nuestros valores más sagrados.

· Que en vez de perseguir las drogas se vaya a la raíz de la insatisfacción individual que las favorece, para desterrar la necesidad de consumirlas. Que se vea que la prohibición genera más negocio y causa más problemas que los que la misma dependencia trae consigo.

· Que se vea claramente la vinculación del secreto bancario con el dinero negro y con las mafias que trafican con armas, prostitución y drogas, y que tan fácilmente corrompen políticos y empresas.

· Que los desastres naturales sean sólo eso, y que no estén agravados por la especulación inmobiliaria que no construye sólidamente ante terremotos o huracanes. Desastres agravados también por la ineficacia, por la corrupción y por la falta de previsión.

· Que el motor del prestigio en una sociedad no sea el tener, la fama o el dinero, sino la solidaridad, la redistribución, el altruismo. Cambiar el cliché del tener al ser, de la riqueza conspicua a la riqueza de sabiduría.

· Que el ocio no sea sólo un ocio pasivo y consumista sino apostar también por un ocio activo y de participación donde la reina de los eventos fuera la creatividad.

· Que el cuerpo deje de ser una cosa para convertirse en un sentir. Que el cuerpo no tenga que soportar la pesada imagen social, la banalidad de las modas, la esteriotipada belleza y despertar a la sensibilidad, al movimiento, a la armonía y la salud.

· Que el marcar cuatro goles sobre el césped no tenga más valor que el descubrir un nuevo conocimiento para la humanidad o el escribir una loable poesía.

· Que no haya escondite en el mundo donde se puedan esconder dictadores, terroristas y criminales. Que una justicia mundial los persiga.

· Que el mundo no se convierta en una mercancia ni en un escaparate. Que el dinero no lo sea todo. Que no se pueda medir un bosque, un río o una selva por el rendimiento maderero o energético. Que perdiendo el alma del mundo perderemos nuestra propia alma.

· Que nos demos cuenta que la vida es una oportunidad única para realizarnos como personas y para engrandecer la humanidad de la que participamos. Que nadie será verdaderamente feliz mientras haya un niño que muera de hambre, un enfermo desatendido, una persona en algún lugar torturada por sus ideas.

· Que sólo una invitación a la sabiduría salvará el mundo, que sólo una actitud amorosa allanará los obstáculos en la comunicación, que sólo una disponibilidad para mejorar el mundo creará las bases para florecer culturalmente.

· Que esta modesta carta de deseos llegue hasta los poderosos con la misma velocidad con la que corren los rumores o los chismes más frívolos.

· Que esta lista deje de ser una mera enumeración para ponernos todos manos a la obra, para que este inmenso barco en el que todos estamos deje de ir a la deriva.

 

                                                  

Creativa Adversidad…….

Si en los años finales de la vida tuviéramos la oportunidad de escribir nuestra autobiografía y se nos diera para ello un número limitado de páginas, ¿en qué nos concentraríamos? ¿Qué dejaríamos afuera? ¿Cuántas palabras, líneas, párrafos, páginas o capítulos dedicaríamos a muchos de esos “malos pasares? ¿Estarían aún en nuestra memoria? Y si lo estuvieran, ¿los incluiríamos? ¿De eso trataría, finalmente, nuestra vida? Me he hecho muchas veces estas preguntas, se las hice a otras personas. Inevitablemente, la respuesta es: no le dedicaría ni una línea a la mayoría de esas cosas. O no las recordaría. No serían significativas en el balance. ¿Por qué, entonces, suelen ocupar tanto espacio en el presente?

Quizá se deba a un malentendido por el cual nos sentimos acreedores de una vida sin dolor, sin frustración, sin dificultades. Creemos que si nos portamos bien (y, sobre todo, si se nota) haremos mérito para eso. ¿Pero no se trataría, en ese caso, de una simple transacción, de una suerte de operación de canje? ¿Y no será que por haber creído que así son las cosas terminamos decepcionados, con la sensación de que el contrato no se cumplió, de que fuimos burlados?.

La médica suiza Elisabeth Kübler-Ross (1926-2004), que dedicó su vida a aliviar el dolor de otros y a acompañar en su final a enfermos terminales, dice en su emocionante autobiografía (La rueda de la vida) que “nada está garantizado en la vida salvo que todo el mundo debe enfrentarse a dificultades. Así es como aprendemos.

Algunos lo hacen desde el momento en que nacen”. En esa dirección apuntaba Carl Jung, padre de la psicología profunda, cuando sostenía que no se crece ni se alcanza la conciencia sin dolor. Jung no era un apologista del dolor, sino un lúcido observador de la realidad.

La adversidad nos da la posibilidad de poner en juego nuestros recursos, de fortalecerlos, de absorber experiencia, de templar nuestro carácter, de encender nuestra creatividad, de acceder a una perspectiva amplia y profunda del rumbo que lleva nuestra vida. No siempre el infortunio obliga a cambiar ese rumbo.

A veces, confirmamos que hay en el dolor un sentido. Cuenta la doctora Kübler-Ross cómo, en una circunstancia de extremo sufrimiento, comprendió que Dios “jamás enviaría a alguien algo que no pueda soportar”. El sentido del dolor no viene impreso en un folleto.

Es responsabilidad de quien se hace cargo de su propia vida descubrirlo y entenderlo. Si queremos que alguien cargue con nuestro equipaje, jamás comprenderemos el sentido de nuestro devenir, y tampoco podremos quejarnos por lo que ese maletero hace con nuestras cosas.

Lamentablemente, hay muchos maleteros oportunistas que se ofrecen a tomar nuestra maleta (que incluye nuestra voluntad, nuestra responsabilidad, nuestro poder de decisión, nuestra libertad) a cambio de costos altos y promesas imposibles de cumplir. Algunos de ellos se visten de gurúes, otros de profetas, otros de genios de la tecnología, de magos de la ciencia o la medicina, cuando no de mesías políticos o económicos.

Si estamos dispuestos a afrontar la experiencia de vivir, escribía Kübler-Ross poco antes de su propio final, la atravesaremos sin necesidad de un gurú o un “maestro” que nos diga cómo hacerlo. Y si queremos evitar esas experiencias o pasarles por el costado, haremos de esos mismos gurúes y “maestros” los “culpables” de nuestros malos pasares.

Nada habremos aprendido, entonces, y poco tendremos para contar en nuestra autobiografía. Quizá no se nos da lo que deseamos, decía la médica suiza, pero siempre recibimos lo que necesitamos. El secreto consiste en diferenciar una cosa de la otra.


El Arte de Estar Presente

               

                                                                                                                                                                                                                                

Compartíamos una tibia taza de té con mis amigas, al mismo tiempo que en una mesa contigua, se desarrollaba la vida de un hombre que no podía concluir su taza de café debido a las demandas de su celular, que no paraba de sonar y sumirlo en preocupadas tribulaciones y gestos desoladores, mientras trataba en vano, de terminar de teclear en su notebook quien sabe que informe urgente e impostergable, estaba impregnado de una urgencia inexplicable por hacer todo a la vez, todo ya y todo bien……y su taza de café seguía en la infructuosa espera de proponerle una cálida y placentera pausa.

Me preguntaba:¿Es esa la manera de vivir la vida?…¿Cuántos minutos le ganaríamos al tiempo si hiciéramos varias cosas a la vez?….¿Porqué la carrera, adonde sentimos que debemos llegar?….¿Cuánto tiempo ahorraríamos?

Desde mi perspectiva creo que hay dos maneras de vivir cada día como si fuera el último. Una es vivirlo con la desesperación de quien se lamenta de todo lo que no hizo, de lo que no alcanzó, de lo que no dijo, y se propone repararlo en el plazo de unas pocas horas.

Las vivirá con angustia, contra reloj y aunque alcance a completar la tarea, quizá no encuentre felicidad, sentido ni paz. Otro modo consiste en vivir ese día con plena presencia en cada minuto. Es decir, estando con quien estamos, haciendo lo que hacemos.

Si estás con tu hijo, tu amigo, tu pareja, tu padre, tu madre, tu hermano o hermana, estás ahí; no miras el reloj; escuchas; sientes; dices. Si lees el diario, lees el diario y si comes, comes. El último día no tendría que ser diferente de los otros, si los otros han sido días realmente vividos en el presente, sin huir hacia un futuro que siempre escapa.

Cuando al científico y ambientalista Michael Lerner, que trabaja con personas con cáncer, le preguntaron cómo viviría sus días ante el anuncio del final, respondió:

 “Pasaría tiempo con gente que valoro, leería libros, escribiría mis sentimientos y pensamientos, escucharía música, no perdería tiempo en urgencias ni en viejas obligaciones y mandatos, aceptaría la pena de saber que es el último día, pero celebraría la belleza, la alegría y la sabiduría”.

Estas maravillosas palabras bien pueden leerse como un proyecto de vida antes que como una despedida.

Quien viva de este modo cada día, no pasará grandes angustias en el último, no habrá dejado la verdadera vida para el minuto final y no andará haciendo desesperados y postergados trámites existenciales justo antes de que le cierren la ventanilla.

El estilo de vida ansioso y urgido que describen nuestras preocupadas nace de la confusión entre vivir en el presente y vivir en el instante. El instante es fugaz y sin raíces, viene de la nada y se pierde en el vacío.

El presente es el punto de encuentro del pasado (cada paso caminado en la vida) con el futuro (el tiempo hacia donde nuestras potencialidades se proyectan).

El presente es móvil, cambiante, rico, plástico; cuando estamos de veras en él, nos impregna, enriquece nuestro mundo emocional, agrega material valioso a nuestra memoria, nos prepara mejor para lo que vendrá.

En el instante, en cambio, desaparecemos sin concretar nada, sin dejar huellas, sin estar ni aquí ni allá, ni ahora ni después.

Hacemos como que estamos, pero no estamos, prestamos la oreja pero no escuchamos, tragamos sin masticar y, por lo tanto, no nos alimentamos; el hambre (hambre de sentido, de presencia, de significado) nos sigue acosando.

Hemos llenado nuestro estómago sin habernos nutrido.

Hacia 2002, el maestro espiritual Ram Dass (quien antes de seguir ese camino fue un connotado profesor de Harvard) escribió un luminoso testimonio, llamado Aquí todavía , luego de un episodio de salud que lo tuvo al borde la muerte.

Propone allí el arte de hacer una cosa a la vez, de concentrarnos en lo que de veras importa. Lo que importa, si tengo sed, es beber.

Si tengo sueño, es dormir. Si amo, es demostrarlo. Si me hablan, es escuchar. Si necesito, es pedir. Si no sé, es preguntar.

“En el próximo sorbo de té, la próxima respiración, el próximo paso, el tiempo no existe”, escribe Ram Dass.

 “Cada vez que vivamos plenamente el momento, sentiremos el alivio de estar en el presente eterno.” Parece que una vida plena no requiere de misteriosas ni complicadas recetas ni de ansiosas urgencias, sólo requiere de atención plena en el “estar aquí y ahora”.