Bienvenidos a mi espacio para el Alma…el Corazón…y los Sentidos…..

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2013…..Mis Deseos

André Malraux dijo que el siglo XXI será espiritual o no será……..

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. Que toda nueva vida que nace sea una vida querida y que tenga las mejores condiciones para su crecimiento y su educación. Ya que de estos niños queridos será el reino del mañana.

. Que los adultos no nos olvidemos y descuidemos a nuestros mayores, que su vejez esté rodeada de tranquilidad y dignidad, condiciones imprescindibles para afrontar con serenidad la muerte.

·Que se dediquen muchos más recursos a la educación tanto de pequeños como de adultos pues la ignorancia es la otra gran bomba que convierte una civilización en una mera barbarie.

· Que se sepa que ninguna guerra es rentable pues todos pierden. Pierden los seres más frágiles, los niños, las mujeres, los ancianos. Se destruyen medios, se contaminan tierras, se mueren culturas. Nada las justifica. No se justifica las minas anti-personas ni las guerras bacteriológicas o químicas. No podemos estar pendientes de una amenaza nuclear. No se pueden justificar los presupuestos militares que tantos intereses mueven y que convierten viejas rencillas en verdaderas guerras intestinas a lo ancho y largo del orbe.

·Que no hagamos apología de la violencia con todas esas miles de muertes ficticias en películas para adultos y dibujos para niños. Que la violencia sea vista como un fracaso de la razón, del diálogo, un fruto borde de cualquier cultura.

· Que sepamos todos que hay suficiente comida para que nadie muera de hambre, y suficientes recursos y tecnologías para solventar las necesidades primarias. Que estamos atrapados en nuestro confort y en nuestros sistema de bienestar y que nos importa que una niña occidental quede atrapada en un pozo pero no que tres mil indígenas sean masacrados en cualquier selva sudamericana.

· Que la ecología sea una nueva religión porque su conocimiento salvará a un planeta enfermo. Conciencia de que los recursos naturales son limitados y que pertenecen a todos. Conciencia de que el consumo tiene que ser responsable y que el reciclaje de los desechos es la única posibilidad de mantener un desarrollo sostenible.

· Que tomemos conciencia de que nuestro frágil planeta está perdido en una inmensidad y que todos pertenecemos a esta aldea planetaria. Que nuestra idea de humanidad arrope en su conjunto al blanco y a la persona de color, al esquimal como al pigmeo, al joven como al anciano, al loco como al supuestamente cuerdo, al cristiano como al ateo.

· Que se destierren las verdades absolutas, aquellas que han generado cruzadas y genocidios, y que cada uno tenga la suya mientras respete la ajena, y que si quiere la comparta sin impedimentos.

· Que la diferencia de raza, credo, costumbre no sea vivida como un ataque a lo propio sino como un enriquecimiento a nuestra limitación. La selva, como la vida, es un espacio de biodiversidad en profunda interacción. Que el egoismo exacerbado, la xenofobia y sobre todo el racismo sean malos sueños de una personalidad inmadura, de una sociedad de ancestrales miedos.

· Que vayamos hacia una mayor globalidad y entendimiento recuperando lo peculiar, lo local, lo íntimo de cada cultura. Dialogar entre lo macro y lo micro para no perder la dimensión justa de lo humano.

· Que cada individuo pueda decidir dónde vivir y dónde trabajar, que sea considerado un ciudadano del mundo. De la misma manera que pueda decidir dónde morir.

. Que los niños y niñas no sean explotados como mano de obra barata, como carne fresca de prostitución. Que la violencia física y psicológica hacia ellos sea combatida, que por primera vez les preguntemos en su propio código cómo quieren vivir y crecer.

· Que la violencia doméstica hacia las mujeres sea denunciada y que la moral hipócrita de encubrimiento sea señalada. Que reflexionemos todos sobre las consecuencias históricas del patriarcado y que alumbremos entre todos una era más igualitaria. Por eso en todos los gobiernos tienen que equipararse en mujeres parlamentarias en pos de unas leyes más justas.

· Que los políticos sean más sabios y menos especuladores, con más conciencia de un servicio a la comunidad y menos encumbrados en el poder. Y que votemos todos más al programa electoral que a la imagen del político. Que seamos activos en la política ciudadana y que pidamos cuentas a los responsables.

· Que la deuda externa de tantos países pobres sean condonada después de tanta colonización desalmada, de tanta explotación humana y de tanto expolio de materias primas. Pues no se trata de dar limosnas sino de reparar históricamente lo que se ha dañado.

· Que la brecha entre ricos y pobres se vaya cerrando. Que es absolutamente injusto que las cien personas más ricas del mundo posean más riqueza que cien millones de seres humanos juntos desfavorecidos por el sistema.

· Que todos tengamos derecho a una información clara y objetiva de los sucesos importantes que pasan en el mundo. Que los medios de comunicación no sean una cortina de humo para desviar la atención de las claves importantes del sistema y que sirvan para educar y no para atontar y embrutecer a una sociedad que ya está bastante castigada.

· Que la publicidad no mueva tantos billones y que no compre la cultura a su favor. Que para vender un coche no prostituya nuestra mitología, nuestros símbolos, nuestros valores más sagrados.

· Que en vez de perseguir las drogas se vaya a la raíz de la insatisfacción individual que las favorece, para desterrar la necesidad de consumirlas. Que se vea que la prohibición genera más negocio y causa más problemas que los que la misma dependencia trae consigo.

· Que se vea claramente la vinculación del secreto bancario con el dinero negro y con las mafias que trafican con armas, prostitución y drogas, y que tan fácilmente corrompen políticos y empresas.

· Que los desastres naturales sean sólo eso, y que no estén agravados por la especulación inmobiliaria que no construye sólidamente ante terremotos o huracanes. Desastres agravados también por la ineficacia, por la corrupción y por la falta de previsión.

· Que el motor del prestigio en una sociedad no sea el tener, la fama o el dinero, sino la solidaridad, la redistribución, el altruismo. Cambiar el cliché del tener al ser, de la riqueza conspicua a la riqueza de sabiduría.

· Que el ocio no sea sólo un ocio pasivo y consumista sino apostar también por un ocio activo y de participación donde la reina de los eventos fuera la creatividad.

· Que el cuerpo deje de ser una cosa para convertirse en un sentir. Que el cuerpo no tenga que soportar la pesada imagen social, la banalidad de las modas, la esteriotipada belleza y despertar a la sensibilidad, al movimiento, a la armonía y la salud.

· Que el marcar cuatro goles sobre el césped no tenga más valor que el descubrir un nuevo conocimiento para la humanidad o el escribir una loable poesía.

· Que no haya escondite en el mundo donde se puedan esconder dictadores, terroristas y criminales. Que una justicia mundial los persiga.

· Que el mundo no se convierta en una mercancia ni en un escaparate. Que el dinero no lo sea todo. Que no se pueda medir un bosque, un río o una selva por el rendimiento maderero o energético. Que perdiendo el alma del mundo perderemos nuestra propia alma.

· Que nos demos cuenta que la vida es una oportunidad única para realizarnos como personas y para engrandecer la humanidad de la que participamos. Que nadie será verdaderamente feliz mientras haya un niño que muera de hambre, un enfermo desatendido, una persona en algún lugar torturada por sus ideas.

· Que sólo una invitación a la sabiduría salvará el mundo, que sólo una actitud amorosa allanará los obstáculos en la comunicación, que sólo una disponibilidad para mejorar el mundo creará las bases para florecer culturalmente.

· Que esta modesta carta de deseos llegue hasta los poderosos con la misma velocidad con la que corren los rumores o los chismes más frívolos.

· Que esta lista deje de ser una mera enumeración para ponernos todos manos a la obra, para que este inmenso barco en el que todos estamos deje de ir a la deriva.

 

                                                  
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Creativa Adversidad…….

Si en los años finales de la vida tuviéramos la oportunidad de escribir nuestra autobiografía y se nos diera para ello un número limitado de páginas, ¿en qué nos concentraríamos? ¿Qué dejaríamos afuera? ¿Cuántas palabras, líneas, párrafos, páginas o capítulos dedicaríamos a muchos de esos “malos pasares? ¿Estarían aún en nuestra memoria? Y si lo estuvieran, ¿los incluiríamos? ¿De eso trataría, finalmente, nuestra vida? Me he hecho muchas veces estas preguntas, se las hice a otras personas. Inevitablemente, la respuesta es: no le dedicaría ni una línea a la mayoría de esas cosas. O no las recordaría. No serían significativas en el balance. ¿Por qué, entonces, suelen ocupar tanto espacio en el presente?

Quizá se deba a un malentendido por el cual nos sentimos acreedores de una vida sin dolor, sin frustración, sin dificultades. Creemos que si nos portamos bien (y, sobre todo, si se nota) haremos mérito para eso. ¿Pero no se trataría, en ese caso, de una simple transacción, de una suerte de operación de canje? ¿Y no será que por haber creído que así son las cosas terminamos decepcionados, con la sensación de que el contrato no se cumplió, de que fuimos burlados?.

La médica suiza Elisabeth Kübler-Ross (1926-2004), que dedicó su vida a aliviar el dolor de otros y a acompañar en su final a enfermos terminales, dice en su emocionante autobiografía (La rueda de la vida) que “nada está garantizado en la vida salvo que todo el mundo debe enfrentarse a dificultades. Así es como aprendemos.

Algunos lo hacen desde el momento en que nacen”. En esa dirección apuntaba Carl Jung, padre de la psicología profunda, cuando sostenía que no se crece ni se alcanza la conciencia sin dolor. Jung no era un apologista del dolor, sino un lúcido observador de la realidad.

La adversidad nos da la posibilidad de poner en juego nuestros recursos, de fortalecerlos, de absorber experiencia, de templar nuestro carácter, de encender nuestra creatividad, de acceder a una perspectiva amplia y profunda del rumbo que lleva nuestra vida. No siempre el infortunio obliga a cambiar ese rumbo.

A veces, confirmamos que hay en el dolor un sentido. Cuenta la doctora Kübler-Ross cómo, en una circunstancia de extremo sufrimiento, comprendió que Dios “jamás enviaría a alguien algo que no pueda soportar”. El sentido del dolor no viene impreso en un folleto.

Es responsabilidad de quien se hace cargo de su propia vida descubrirlo y entenderlo. Si queremos que alguien cargue con nuestro equipaje, jamás comprenderemos el sentido de nuestro devenir, y tampoco podremos quejarnos por lo que ese maletero hace con nuestras cosas.

Lamentablemente, hay muchos maleteros oportunistas que se ofrecen a tomar nuestra maleta (que incluye nuestra voluntad, nuestra responsabilidad, nuestro poder de decisión, nuestra libertad) a cambio de costos altos y promesas imposibles de cumplir. Algunos de ellos se visten de gurúes, otros de profetas, otros de genios de la tecnología, de magos de la ciencia o la medicina, cuando no de mesías políticos o económicos.

Si estamos dispuestos a afrontar la experiencia de vivir, escribía Kübler-Ross poco antes de su propio final, la atravesaremos sin necesidad de un gurú o un “maestro” que nos diga cómo hacerlo. Y si queremos evitar esas experiencias o pasarles por el costado, haremos de esos mismos gurúes y “maestros” los “culpables” de nuestros malos pasares.

Nada habremos aprendido, entonces, y poco tendremos para contar en nuestra autobiografía. Quizá no se nos da lo que deseamos, decía la médica suiza, pero siempre recibimos lo que necesitamos. El secreto consiste en diferenciar una cosa de la otra.

Reflexión de Pascuas…

 

 

 

 

¿Y es que por un momento, puedo salir de la rutina y dejar a mis pensamientos hablar?

 
Es que hoy me despojo de todo lo que acosa mi necesidad, de ser hija de esta tierra para así poderla disfrutar.

Me deshago de lo cotidiano, de lo sin sentido por años, llenando mis pulmones con este aire purificado que me revitaliza y me hace vibrar.

 

Queriendo tomar al tiempo en mis manos y acunarlo entre mis brazos, hasta que se duerma y no corra más.
Dejar que los segundos, minutos y horas, se desmayen para que en algún momento de su letargo, también se puedan deleitar.

Cerrar lo ojos frente al mar de azules intensos, sintiendo como la brisa me conduce a meditar.
Pausar, pausar, pausar todo lo que vaya de prisa, y así disfrutar sin apuros la vida hasta saturarme de paz.

Observar con los ojos del alma, cada rincón del mundo como los ángeles lo protegen con su inagotable danzar.
Porque fuimos elegidos para gozar de su pureza y de su sanadora bondad.

Entregar un beso a cada niño que clama con su mirada, las migajas de un pan.
Un pan que nunca llega aunque griten, lloren, mueran porque los hombres, sólo piensan en ganar.

Sentir todo eso que pasa desapercibido ante tantos seres inertes, pudiendo generosamente ayudar.
Levantando mi voz como un grito, para que de una vez despierten de su muerte espiritual.

Transformar mi cuerpo entero, para convertirme en invulnerable a todo lo que me dispone mal.
Ese mal que nadie nota, pero que lentamente y en silencio, nos viene a atrapar.

Sin embargo aún quiero respirar profundo y en la cima más alta, conquistar a un cóndor para en sus alas recorrer el grandioso mar.
Sentir que mi corazón late apresuradamente ante tanta hermosura creada, por el amor del Padre Celestial.

Detener mis lágrimas de hiel , al mirar las mentes siniestras que se regocijan con devastar.
Vidas, vidas y más vidas, ¿hasta cuándo los vamos a dejar?

Irrumpiré como una ola que los arrastre lo más lejos posible, hasta la más tenebrosa profundidad.
No merecen ni la vida, ni el respeto, ni la lástima y ni siquiera la piedad.

Basta de ver tanta tristeza, devastación, injusticia y soledad.
Trabajar por la justicia, ante la naturaleza y la humanidad.

Y veo otra vez, cómo se mueven las olas, tan cómplices con la arena, que sólo piensan en bailar.
Iluminando la pista marina con la sonrisa del sol colosal.

Conversarnos con la luna y preguntarle , ¿a cuántos hoy va a enamorar?
Con esa luminiscencia hipnotizante, que es imposible de olvidar.

¿Y es que pude por un momento, dejar después de tantos intentos, a mis pensamientos hablar?

Es que he despertado al tiempo, después de haber tocado el cielo, respirado el viento del océano y llevado a un niño hambriento, un poco de felicidad.


                                                                                                                                                              

De giros y reviros


Hace unos años comencé a escribir en este Blog, con el propósito de vincular la meditación Zen y la vida cotidiana, promoviendo la práctica de la atención plena en la agitada vida en la ciudad y en particular en el espacio laboral…

Fueron pasando los años, mi práctica de zazén a veces fue constante, estable; a veces floja, esporádica; a veces compartida en el estudio, con colegas y algunos visitantes; compartida en otros lugares de práctica y a veces solitaria; a veces dialogando con maestros como Geshe Ngawang Sherap, Lama Gangchen Rimpoche, Maestro Pu Shien, Gangaji, Lama Walpollah y largos periodos dialogando con libros, con mis propias intuiciones, con amigos y compañeros de camino…

Zazén ha sido ocasionalmente también complementado con otras búsquedas y prácticas, en particular con la nueva tradición kadampa, de origen tibetano y guiada por Geshe Kelsang Gyatso, y por los Sistemas de Autocuración NGAL SO de T.Y.S  de Lama Gangchen

Últimamente, además, habito en un diálogo interno con mis raíces cristianas y disfruto del acercamiento a la tradición contemplativa creyente.

Creo que se entiende que no he ido dejando atrás ninguna de estas tradiciones, más bien las llevo conmigo, son parte de mi historia, satisfacen diversas necesidades, aportan diversos enfoques, técnicas, perspectivas, sabidurías de vida…

Ahora sólo quiero agregar que intento no insistir necesariamente en la relación entre atención plena y vida cotidiana, atención plena y trabajo…. Simplemente me refiero a que todo lo aprendido y practicado se centra hoy en la sencilla práctica de estar presente…..en estar en éste único momento… sin la carga de la práctica o la aplicación de conocimientos adquiridos, sin retrotraerme a aprendizajes kármicos o experiencias aleccionadoras, sin Dogmas ni religiones, sin análisis……

Simplemente estar con todo mi Ser desprovista de juicios, desprovista del Ego, sólo en la expresión constante de la Divinidad interior, enfocando en la excelencia perfecta del momento, sin buenos o malos, sin negros o blancos, sin opuestos, sin contradicciones, sin juicios, sin prejuicios, celebrando la Vida, encontrando las certezas de quién soy y por qué estoy…..Sólo eso…..nada más.

Gassho.

Todos somos Jueces

Se cuenta que un hombre que sufría de miopía visitó una muestra de pintura acompañado por su esposa. El individuo había olvidado sus anteojos en casa, pero aun así no quiso perderse la exhibición.

Fue entonces de cuadro en cuadro emitiendo sus opiniones, casi siempre críticas, hasta que se detuvo ante lo que aparecía como un retrato de cuerpo entero.

Y allí se despachó: “Este marco es incorrecto para el cuadro, el personaje está horriblemente vestido, no hay armonía. Es un error sin solución haber elegido como modelo a semejante sujeto, es casi una falta de respeto al espectador”. Fue en ese momento cuando su esposa, tocándole discretamente el brazo, le dijo: “Querido, no es un cuadro, estás parado frente a un espejo”…..

En cierto sentido, todos somos miopes. O sea, nadie es perfecto. Quizás el problema no esté en nuestra proclividad a juzgar, ya que juzgar es evaluar y, desde el momento en que tenemos conciencia, evaluamos.

Decía Kant que juzgar es pensar y que sólo se piensa a partir de la existencia de, al menos, dos ideas diferentes. Allí hay ya, inexorablemente, una valoración. Hay situaciones de la vida en las que juzgar es inevitable.

Un maestro juzga a un alumno, también lo hace un jurado artístico, literario, deportivo o judicial. Juzga el crítico en una determinada actividad.

El problema, entonces, consiste en confundir nuestro juicio, nuestra percepción, nuestra sensación, nuestro sentimiento, nuestra creencia y nuestra visión, con una verdad objetiva, única y aplicable sobre todo a los otros.

Cuando creemos que sabemos cómo deben actuar los demás, qué deberían hacer, nos convertimos en moralistas.

Mientras una conducta moral es aquella en la cual la persona hace lo que siente que debe hacer (no lo hace por temor o por un reconocimiento y lo hace aun contra sus conveniencias), una actitud moralista es aquella en la cual se vive determinando qué deben hacer los otros. Y, como consecuencia, se los juzga implacablemente.

Cuando emite sus juicios, el moralista suele olvidar dos cosas: que es miope y que no tiene los anteojos puestos. Es un juez que olvida su propio legajo. Esto es lo grave, porque lo convierte en el único justo en un mundo de pecadores.

Los demás pasan a ser los receptáculos en los que él deposita sus propias y negadas imperfecciones. Acaso el mejor juez no sea el que aplica técnica y fríamente la ley desentendiéndose de las consecuencias que produce ese acto humano (pues él, la ley y el infractor son humanos), sino el que puede preguntarse cómo será calzar los zapatos del enjuiciado.

Quizás esta pregunta no modifique la sentencia, pero permitirá darle un contexto y un seguimiento más trascendentes. Esto vale para los tribunales judiciales y para los de la vida.

El que emite un juicio o una valoración es siempre un ser humano; su sentencia llevará la impronta de sus vivencias, de sus sentimientos, de sus prejuicios.

Aun cuando nos pongamos nuestros anteojos, la coloratura del cristal teñirá aquello que vemos. En la experiencia humana no hay cristales neutros o sin color. Olvidar esto es abrir las puertas al dogmatismo, a la intolerancia, al fundamentalismo, tanto en lo colectivo y social como en lo íntimo e individual.

Juzgar a los demás es a veces una manera de postergar evaluaciones acerca de nosotros mismos que están pendientes. Puede ser, de ese modo, una manera de anestesiar momentáneamente nuestra conciencia.

Pero ella se empeñará en despertar,  y cuando lo haga será el juez ante el que deberemos acudir.


El Arte de Estar Presente

               

                                                                                                                                                                                                                                

Compartíamos una tibia taza de té con mis amigas, al mismo tiempo que en una mesa contigua, se desarrollaba la vida de un hombre que no podía concluir su taza de café debido a las demandas de su celular, que no paraba de sonar y sumirlo en preocupadas tribulaciones y gestos desoladores, mientras trataba en vano, de terminar de teclear en su notebook quien sabe que informe urgente e impostergable, estaba impregnado de una urgencia inexplicable por hacer todo a la vez, todo ya y todo bien……y su taza de café seguía en la infructuosa espera de proponerle una cálida y placentera pausa.

Me preguntaba:¿Es esa la manera de vivir la vida?…¿Cuántos minutos le ganaríamos al tiempo si hiciéramos varias cosas a la vez?….¿Porqué la carrera, adonde sentimos que debemos llegar?….¿Cuánto tiempo ahorraríamos?

Desde mi perspectiva creo que hay dos maneras de vivir cada día como si fuera el último. Una es vivirlo con la desesperación de quien se lamenta de todo lo que no hizo, de lo que no alcanzó, de lo que no dijo, y se propone repararlo en el plazo de unas pocas horas.

Las vivirá con angustia, contra reloj y aunque alcance a completar la tarea, quizá no encuentre felicidad, sentido ni paz. Otro modo consiste en vivir ese día con plena presencia en cada minuto. Es decir, estando con quien estamos, haciendo lo que hacemos.

Si estás con tu hijo, tu amigo, tu pareja, tu padre, tu madre, tu hermano o hermana, estás ahí; no miras el reloj; escuchas; sientes; dices. Si lees el diario, lees el diario y si comes, comes. El último día no tendría que ser diferente de los otros, si los otros han sido días realmente vividos en el presente, sin huir hacia un futuro que siempre escapa.

Cuando al científico y ambientalista Michael Lerner, que trabaja con personas con cáncer, le preguntaron cómo viviría sus días ante el anuncio del final, respondió:

 “Pasaría tiempo con gente que valoro, leería libros, escribiría mis sentimientos y pensamientos, escucharía música, no perdería tiempo en urgencias ni en viejas obligaciones y mandatos, aceptaría la pena de saber que es el último día, pero celebraría la belleza, la alegría y la sabiduría”.

Estas maravillosas palabras bien pueden leerse como un proyecto de vida antes que como una despedida.

Quien viva de este modo cada día, no pasará grandes angustias en el último, no habrá dejado la verdadera vida para el minuto final y no andará haciendo desesperados y postergados trámites existenciales justo antes de que le cierren la ventanilla.

El estilo de vida ansioso y urgido que describen nuestras preocupadas nace de la confusión entre vivir en el presente y vivir en el instante. El instante es fugaz y sin raíces, viene de la nada y se pierde en el vacío.

El presente es el punto de encuentro del pasado (cada paso caminado en la vida) con el futuro (el tiempo hacia donde nuestras potencialidades se proyectan).

El presente es móvil, cambiante, rico, plástico; cuando estamos de veras en él, nos impregna, enriquece nuestro mundo emocional, agrega material valioso a nuestra memoria, nos prepara mejor para lo que vendrá.

En el instante, en cambio, desaparecemos sin concretar nada, sin dejar huellas, sin estar ni aquí ni allá, ni ahora ni después.

Hacemos como que estamos, pero no estamos, prestamos la oreja pero no escuchamos, tragamos sin masticar y, por lo tanto, no nos alimentamos; el hambre (hambre de sentido, de presencia, de significado) nos sigue acosando.

Hemos llenado nuestro estómago sin habernos nutrido.

Hacia 2002, el maestro espiritual Ram Dass (quien antes de seguir ese camino fue un connotado profesor de Harvard) escribió un luminoso testimonio, llamado Aquí todavía , luego de un episodio de salud que lo tuvo al borde la muerte.

Propone allí el arte de hacer una cosa a la vez, de concentrarnos en lo que de veras importa. Lo que importa, si tengo sed, es beber.

Si tengo sueño, es dormir. Si amo, es demostrarlo. Si me hablan, es escuchar. Si necesito, es pedir. Si no sé, es preguntar.

“En el próximo sorbo de té, la próxima respiración, el próximo paso, el tiempo no existe”, escribe Ram Dass.

 “Cada vez que vivamos plenamente el momento, sentiremos el alivio de estar en el presente eterno.” Parece que una vida plena no requiere de misteriosas ni complicadas recetas ni de ansiosas urgencias, sólo requiere de atención plena en el “estar aquí y ahora”.

Íntimamente….

 

 


  

 Cáscaras y más cáscara….Los Humanos somos como nueces:  circulamos por la vida enfundados en cáscaras tan gruesas, que si algo o alguien no la parte al medio, la pulpa se apolilla de tanto estar encascarada…

¿Qué siente la pulpa? La tristeza ahogante de una soledad evitable….

Porque hay otra opción: que, prudentemente, sondeando la calidad interna de quienes nos rodean, elijamos a esos poquitos ante quienes descascararnos.

Y si no los encontramos en nuestro ámbito inmediato, volvernos tan nómades como sea necesario hasta hallar eso raro y hermoso: un semejante.

Alguien que también tenga el valor de brindarse así: amistosamente. Porque “a-migarse” significa “compartir la miga del pan” (no la cáscara!).

A ver… Busquemos algo más en el diccionario. “INTIMIDAD: Superlativo de intra = más interior / Dícese de la amistad estrecha de un amigo de confianza.”

Digamos también esto: la primera intimidad germina como una semilla impensada. De pronto, hemos abierto una zona interna que nunca nadie había visitado.

Y también el otro saca de sus recovecos aquello que declara ser su zona vulnerable. Después sí: hace falta regar el germinario, dar tierra a la semilla para que eche raíces.

Construir reciprocidades. Estar. Estar estando: escuchando sin juicio.

O compartir silencios (pues podemos conversar con cientos, pero sólo con unos pocos intimarnos callados…).

¿Y si es lastimada nuestra zona vulnerable? Es muy posible: casi siempre quien se atreve a brindarse fabrica decepciones.

Pero esas decepciones no son más que tareas que nos brinda la vida para hacernos mejores: para elegir a aquellos que honren la apertura. Cerrarse no es el modo.

Cerrarse es en-fermarse (tal como en el francés ferme es “cerrado”).

Estar atentos para detectar a aquellos que sean de nuestra misma especie. Y entonces sí: brindarnos. Brindarnos de a poquito, manando la belleza, lo oscuro, las heridas…

Brindarnos solidarios, brindarnos recibiendo, brindarnos gota a gota, hasta darnos enteros. Esta mañana quise decirlo a aquellos que han sabido enseñarme a abrir mis propias cáscaras, y aquéllos que siguen Buscando hasta Encontrar:

INTIMIDADES

Pulpa franca que vierte
sus jugos luminosos…
Pulpa extraña y ardiente
de humano inacabado…

Y de pronto suceden
audaces desnudeces:
renunciar a ser nadie,
abrirse indefendido,
mostrar eso que duele
mientras el otro muestra
su espíritu injuriado
por injustos cuchillos…

Mostrarnos la Belleza
que anima nuestro espacio
oculto, inmaculado,
ungido de Hermosura;
mostrarnos uno al otro
impretendidamente,
sin máscaras que asfixien
la esencia despertada.

Construir la confianza
como quien edifica
con su máximo aliento
puentes, templos, caminos…

Y entonces sí, sucede:
la cáscara se parte
y convida, fragante,
la más íntima pulpa:
el Centro, lo que fuimos
antes de que la vida
asfaltara los prados

que pisamos descalzos…

Nos sabemos completos
cuando el otro nos sabe,
cuando al otro ofrecemos
lo que hay, lo faltante,
lo que pronto seremos,
lo que fuimos, y aquello
que guardamos intacto
para quien lo merezca:

el ámbito recíproco
desde donde ejercemos
la vital transparencia
con que dos se hacen uno

                                                           De Corazón a Corazón

 

                                           FABI