



Cáscaras y más cáscara….Los Humanos somos como nueces: circulamos por la vida enfundados en cáscaras tan gruesas, que si algo o alguien no la parte al medio, la pulpa se apolilla de tanto estar encascarada…
¿Qué siente la pulpa? La tristeza ahogante de una soledad evitable….
Porque hay otra opción: que, prudentemente, sondeando la calidad interna de quienes nos rodean, elijamos a esos poquitos ante quienes descascararnos.
Y si no los encontramos en nuestro ámbito inmediato, volvernos tan nómades como sea necesario hasta hallar eso raro y hermoso: un semejante.
Alguien que también tenga el valor de brindarse así: amistosamente. Porque “a-migarse” significa “compartir la miga del pan” (no la cáscara!).
A ver… Busquemos algo más en el diccionario. “INTIMIDAD: Superlativo de intra = más interior / Dícese de la amistad estrecha de un amigo de confianza.”
Digamos también esto: la primera intimidad germina como una semilla impensada. De pronto, hemos abierto una zona interna que nunca nadie había visitado.
Y también el otro saca de sus recovecos aquello que declara ser su zona vulnerable. Después sí: hace falta regar el germinario, dar tierra a la semilla para que eche raíces.
Construir reciprocidades. Estar. Estar estando: escuchando sin juicio.
O compartir silencios (pues podemos conversar con cientos, pero sólo con unos pocos intimarnos callados…).
¿Y si es lastimada nuestra zona vulnerable? Es muy posible: casi siempre quien se atreve a brindarse fabrica decepciones.
Pero esas decepciones no son más que tareas que nos brinda la vida para hacernos mejores: para elegir a aquellos que honren la apertura. Cerrarse no es el modo.
Cerrarse es en-fermarse (tal como en el francés ferme es “cerrado”).
Estar atentos para detectar a aquellos que sean de nuestra misma especie. Y entonces sí: brindarnos. Brindarnos de a poquito, manando la belleza, lo oscuro, las heridas…
Brindarnos solidarios, brindarnos recibiendo, brindarnos gota a gota, hasta darnos enteros. Esta mañana quise decirlo a aquellos que han sabido enseñarme a abrir mis propias cáscaras, y aquéllos que siguen Buscando hasta Encontrar:
INTIMIDADES
Pulpa franca que vierte
sus jugos luminosos…
Pulpa extraña y ardiente
de humano inacabado…
Y de pronto suceden
audaces desnudeces:
renunciar a ser nadie,
abrirse indefendido,
mostrar eso que duele
mientras el otro muestra
su espíritu injuriado
por injustos cuchillos…
Mostrarnos la Belleza
que anima nuestro espacio
oculto, inmaculado,
ungido de Hermosura;
mostrarnos uno al otro
impretendidamente,
sin máscaras que asfixien
la esencia despertada.
Construir la confianza
como quien edifica
con su máximo aliento
puentes, templos, caminos…
Y entonces sí, sucede:
la cáscara se parte
y convida, fragante,
la más íntima pulpa:
el Centro, lo que fuimos
antes de que la vida
asfaltara los prados
que pisamos descalzos…
Nos sabemos completos
cuando el otro nos sabe,
cuando al otro ofrecemos
lo que hay, lo faltante,
lo que pronto seremos,
lo que fuimos, y aquello
que guardamos intacto
para quien lo merezca:
el ámbito recíproco
desde donde ejercemos
la vital transparencia
con que dos se hacen uno
De Corazón a Corazón
FABI
Nos achicamos, deformamos, estiramos, replegamos… para no experimentar esa sensación tan temida.
¿Por qué? Primero, es un resabio que nos queda del mamífero que somos, y sobre todo de cuando era bebé: para ese entonces, ser rechazados podía implicar, instintivamente, el abandono y la muerte.
Más tarde, el instinto gregario nos dijo que estar con otros significaba ser más fuertes (=tener más posibilidades de sobrevivir). Otra vez: rechazo= soledad= amenaza de muerte. Pero cuando evolucionamos… comprendemos que no es así!
Podemos superar esas improntas primarias desde las que nos aterra el rechazo. Es más: si no lo hacemos nos sentimos morir de sobreadaptación.
Y lo cierto es esto: el miedo al rechazo rige nuestra vida sólo mientras nos rechacemos a nosotros mismos.
De cualquier rechazo podemos sobreponernos, salvo del seguir auto-rechazándonos.
Cuando la persona se va desplegando y se legitima a sí misma, si está decidida a no renunciar a su real identidad, a no negociar lo innegociable, sentirá con zonas menos primarias de sí que ser rechazado podrá ser doloroso, pero no significa morir.
Los miedos se van retirando como un planeta eclipsador, renaciendo nuestras refulgencias…
Entonces vamos haciendo nuevas elecciones, tenemos nuevos comportamientos que nos sorprenden a nosotros mismos y, con ello, aparecen personas que jamás se nos habrían acercado si hubiésemos seguido siendo aquéllos: los asustados de Ser.
El rechazo, a partir de entonces, apenas arde un poquito (cuando arde), pero su escozor es bendito al lado de lo que nos significaba vivir comprimidos para caber en la expectativa ajena.
Antes que nada hijo mío quiero darte las gracias por venir a éste mundo. Tu presencia alimenta la esperanza de que el cambio es posible. Siento tu vibración cristalina. Los latidos de tu tierno corazón no mienten, una nueva realidad se está gestando.
Ruego porque las sofocantes estructuras sociales no marchiten tus sueños y sea capaz de ayudarte a volar para que me transportes hacia una dimensión más pura, en donde la humanidad, toda, celebre y honre la vida.
Sé que si te ayudo, contándote parte de la trama del juego de la vida, también me estoy ayudando porque vos, yo y todos somos uno, aunque el velo de la ilusión intente hacerme creer lo contrario.
Antes de seguir hablando, te pido que recuerdes que lo que voy a decirte lleva la carga de mi subjetividad, de mis condicionamientos y limitaciones, por eso quiero que tomes este mensaje como una simple referencia y no como una verdad incuestionable.
El juego consiste en recuperar la inocencia
Conectar con nuestra esencia interior para seguir evolucionando. Ahora te parece sencillo, sin embargo, a medida que pasen los días, la sociedad se encargará de adormecerte para que seas funcional a sus intereses y creas que lo real es lo que sucede fuera.
No te rías. Lo digo en serio. La gran mayoría cree que únicamente lo exterior importa, y como le temen a la muerte –porque desconocen que es un proceso de cambio- prefieren ignorarla y hacer de cuenta que vivirán para siempre.
Te mirarán raro si les preguntás por qué no aprovechan la estadía, siendo el juego tan breve. Vivir 90 años implica jugar sólo 32.850 días.
Demasiado poco para desaprovecharlo, ¿no?
Quiero pedirte que, pase lo que pase, no traiciones tu misión de vida. Las pruebas están dispuestas para ayudarte a crecer. Dar pasos en el vacío, siguiendo los dictados de tu conciencia, te ayudará a fortalecer la confianza en vos.
Siempre que puedas optá por el conocimiento vivencial. El conocimiento intelectual es limitado, sirve como marco de referencia pero no te transforma. Abrite a las vivencias, son maestras mutidimensionales que te darán las claves para que recorras tu camino sabiamente.
Aunque te cueste, siempre dá lo mejor de vos sin esperar recompensas
Porque no todos piensan igual. No descuides tus dones. Potenciá tus talentos.
Tu singularidad le aportará a la vida un caudal de inigualable belleza si ponés conciencia en tus actos y sos fiel a tu guía interna.
Nunca dudes en hacerle caso a lo que afluya desde tu corazón
Sobre todo cuando el caos se adueñe del campo de juego, porque esa es tu verdadera brújula.
Si dejás que los deseos programen tus días estarás corriendo detrás de ilusiones que sólo conducen al descontento.
Aprendé a disfrutar cada instante. Conectá con el aquí y ahora.
El futuro es una proyección de la mente y el pasado tiene vida sólo si ponés tu energía al servicio de los recuerdos. Aprovechá tu tiempo. No olvides que todo pasará. No te aferres a nada.
Fluí con la existencia.
No permitas que se oxide tu capacidad de sorprenderte. Escuchá a todos con atención, pero no colecciones verdades prestadas. Buscá siempre tu propia verdad, para que tu mente, cuerpo y espíritu se expresen de manera unificada y no permanezcas dividido.
Esa división es la que hará de tu vida un infierno. También tené presente que tus días serán opacos si dejás que la mente sea el amo de tus acciones, porque no serás capaz de sentir.
Puede que ahora te cueste entenderlo, pero perderás la inocencia para volver a recuperarla. Aprenderás para luego desaprender.
Te llenarás para luego vaciarte.
Te caerás, pero sabrás levantarte con las lecciones aprendidas. Muchos caminos aguardan tus huellas. Quiera la vida que yo, la mamá que elegiste, te sepa guiar….. te respeto y te amo por sobre todas las cosas.
Éste mí mensaje finaliza. Sé que algún día seguirás tu propio rumbo…. Estoy agradecida de contar con tu presencia que honra y alegra cada día de mi vida….
Hijo mío celebro tu existencia !!!!!!!
De Corazón a Corazón
MAMI
No vas a lograrlo; NADIE puede: por más que te esmeres, que seas veraz, auténtica, concisa, abierta… podrás lograr otras cosas, pero no ésa, que todos anhelamos: ser TOTALMENTE comprendido.
Porque “comprender” significa, literalmente, “abarcar” (como una región que está “comprendida” entre tales y tales calles).
¿Quién puede abarcarnos por completo?
Sólo nosotros mismos. Aunque, en lo cotidiano… cuánto quisiéramos ser mejor abarcados por el otro.
Pero es muy difícil! Y duele, claro que sí… A veces, el sólo hecho de no ser emocionalmente decodificado por el otro es muy penoso (sobre todo si es alguien amado).
Pero peor es aún cuando, además, se está siendo malinterpretado por ese otro, traducido erróneamente, etiquetado… y ese otro afirma, no obstante, con total convicción, que, aunque no lo creas, SÍ TE HA COMPRENDIDO.
¿Cómo convencerle de que ESTÁ EQUIVOCADO, que aquél a quien está describiendo NO somos nosotros? El poeta Anzoátegui decía: “Tengo dos silencios: uno cuando callo, el otro cuando hablo y no llego”.
Pero… cuidado: eso también te sucede a la inversa, cuando estás SEGURO sobre “quién y cómo es el otro”.
EL OTRO ES UN MISTERIO, YO SOY UN MISTERIO PARA EL OTRO.
¡Cuántos vínculos podrían descomprimirse si se abandonara la exigencia de SIEMPRE “comprenderse mutuamente“!
Porque… no nos confundamos: no es indispensable comprender por completo a alguien para amarlo o apreciarlo.
Entonces: puede ser sensato no reclamarle a otro por “no comprenderte”; sí, eventualmente, por tergiversarte, juzgándote a partir de supuestos.
No podemos pedir que se nos comprenda, pero sí que se mantengan acerca de nosotros los puntos suspensivos.
Éste sería uno de los respetos más básicos en cualquier vínculo.
Habría que tatuárselo en la frente: “POR FAVOR: NO ME DES POR CONOCIDA!” Y si esto se cultiva recíprocamente… ¡qué buena base para cualquier relación! Ya sea de pareja, entre hermanos, de padres e hijos, entre amigos, de terapeuta-paciente, (de Arquitecto a Arquitecta)…….
Y si eso no es posible (si te dan por sentado, irremediablemente)… habrá que ver QUÉ PESO TIENE ESA INCOMPRENSIÓN: ¿está dentro de lo aceptable?
¿Hago yo lo mismo con el otro? Y, por último, ¿hace requerible poner una saludable distancia, (ya sea parcial o completa)?
En ciertas ocasiones la vida nos deja sin posibilidad de elegir, forzados a convivir con alguien que tiene una versión falaz o injusta de quienes somos.
Entonces convendrá, a veces, darse a conocer a través de palabras y de actos, pero, muchas otras, quizás, ya no insistir.
Como decía un personaje de una vieja película: “No des explicaciones: tus amigos no las necesitan, y tus enemigos no las creerán”. Ser fiel a sí mismo, se nos comprenda o no.
Tal vez así uno pueda irse de esta vida diciendo palabras como éstas:
A PESAR
A pesar de la lucha cotidiana
No me deprime la injusticia humana,
no me mancha el dolor, que me ensombrece,
lo mismo que la noche no ennegrece
con su paso el cristal de la ventana.
Y aunque la incomprensión me desespere,
disimulo la herida a quien me hiere,
y tengo la bondad de sonreír.
FABI