Bienvenidos a mi espacio para el Alma…el Corazón…y los Sentidos…..

Última

De giros y reviros


Hace unos años comencé a escribir en este Blog, con el propósito de vincular la meditación Zen y la vida cotidiana, promoviendo la práctica de la atención plena en la agitada vida en la ciudad y en particular en el espacio laboral…

Fueron pasando los años, mi práctica de zazén a veces fue constante, estable; a veces floja, esporádica; a veces compartida en el estudio, con colegas y algunos visitantes; compartida en otros lugares de práctica y a veces solitaria; a veces dialogando con maestros como Geshe Ngawang Sherap, Lama Gangchen Rimpoche, Maestro Pu Shien, Gangaji, Lama Walpollah y largos periodos dialogando con libros, con mis propias intuiciones, con amigos y compañeros de camino…

Zazén ha sido ocasionalmente también complementado con otras búsquedas y prácticas, en particular con la nueva tradición kadampa, de origen tibetano y guiada por Geshe Kelsang Gyatso, y por los Sistemas de Autocuración NGAL SO de T.Y.S  de Lama Gangchen

Últimamente, además, habito en un diálogo interno con mis raíces cristianas y disfruto del acercamiento a la tradición contemplativa creyente.

Creo que se entiende que no he ido dejando atrás ninguna de estas tradiciones, más bien las llevo conmigo, son parte de mi historia, satisfacen diversas necesidades, aportan diversos enfoques, técnicas, perspectivas, sabidurías de vida…

Ahora sólo quiero agregar que intento no insistir necesariamente en la relación entre atención plena y vida cotidiana, atención plena y trabajo…. Simplemente me refiero a que todo lo aprendido y practicado se centra hoy en la sencilla práctica de estar presente…..en estar en éste único momento… sin la carga de la práctica o la aplicación de conocimientos adquiridos, sin retrotraerme a aprendizajes kármicos o experiencias aleccionadoras, sin Dogmas ni religiones, sin análisis……

Simplemente estar con todo mi Ser desprovista de juicios, desprovista del Ego, sólo en la expresión constante de la Divinidad interior, enfocando en la excelencia perfecta del momento, sin buenos o malos, sin negros o blancos, sin opuestos, sin contradicciones, sin juicios, sin prejuicios, celebrando la Vida, encontrando las certezas de quién soy y por qué estoy…..Sólo eso…..nada más.

Gassho.

Todos somos Jueces

Se cuenta que un hombre que sufría de miopía visitó una muestra de pintura acompañado por su esposa. El individuo había olvidado sus anteojos en casa, pero aun así no quiso perderse la exhibición.

Fue entonces de cuadro en cuadro emitiendo sus opiniones, casi siempre críticas, hasta que se detuvo ante lo que aparecía como un retrato de cuerpo entero.

Y allí se despachó: “Este marco es incorrecto para el cuadro, el personaje está horriblemente vestido, no hay armonía. Es un error sin solución haber elegido como modelo a semejante sujeto, es casi una falta de respeto al espectador”. Fue en ese momento cuando su esposa, tocándole discretamente el brazo, le dijo: “Querido, no es un cuadro, estás parado frente a un espejo”…..

En cierto sentido, todos somos miopes. O sea, nadie es perfecto. Quizás el problema no esté en nuestra proclividad a juzgar, ya que juzgar es evaluar y, desde el momento en que tenemos conciencia, evaluamos.

Decía Kant que juzgar es pensar y que sólo se piensa a partir de la existencia de, al menos, dos ideas diferentes. Allí hay ya, inexorablemente, una valoración. Hay situaciones de la vida en las que juzgar es inevitable.

Un maestro juzga a un alumno, también lo hace un jurado artístico, literario, deportivo o judicial. Juzga el crítico en una determinada actividad.

El problema, entonces, consiste en confundir nuestro juicio, nuestra percepción, nuestra sensación, nuestro sentimiento, nuestra creencia y nuestra visión, con una verdad objetiva, única y aplicable sobre todo a los otros.

Cuando creemos que sabemos cómo deben actuar los demás, qué deberían hacer, nos convertimos en moralistas.

Mientras una conducta moral es aquella en la cual la persona hace lo que siente que debe hacer (no lo hace por temor o por un reconocimiento y lo hace aun contra sus conveniencias), una actitud moralista es aquella en la cual se vive determinando qué deben hacer los otros. Y, como consecuencia, se los juzga implacablemente.

Cuando emite sus juicios, el moralista suele olvidar dos cosas: que es miope y que no tiene los anteojos puestos. Es un juez que olvida su propio legajo. Esto es lo grave, porque lo convierte en el único justo en un mundo de pecadores.

Los demás pasan a ser los receptáculos en los que él deposita sus propias y negadas imperfecciones. Acaso el mejor juez no sea el que aplica técnica y fríamente la ley desentendiéndose de las consecuencias que produce ese acto humano (pues él, la ley y el infractor son humanos), sino el que puede preguntarse cómo será calzar los zapatos del enjuiciado.

Quizás esta pregunta no modifique la sentencia, pero permitirá darle un contexto y un seguimiento más trascendentes. Esto vale para los tribunales judiciales y para los de la vida.

El que emite un juicio o una valoración es siempre un ser humano; su sentencia llevará la impronta de sus vivencias, de sus sentimientos, de sus prejuicios.

Aun cuando nos pongamos nuestros anteojos, la coloratura del cristal teñirá aquello que vemos. En la experiencia humana no hay cristales neutros o sin color. Olvidar esto es abrir las puertas al dogmatismo, a la intolerancia, al fundamentalismo, tanto en lo colectivo y social como en lo íntimo e individual.

Juzgar a los demás es a veces una manera de postergar evaluaciones acerca de nosotros mismos que están pendientes. Puede ser, de ese modo, una manera de anestesiar momentáneamente nuestra conciencia.

Pero ella se empeñará en despertar,  y cuando lo haga será el juez ante el que deberemos acudir.


El Arte de Estar Presente

               

                                                                                                                                                                                                                                

Compartíamos una tibia taza de té con mis amigas, al mismo tiempo que en una mesa contigua, se desarrollaba la vida de un hombre que no podía concluir su taza de café debido a las demandas de su celular, que no paraba de sonar y sumirlo en preocupadas tribulaciones y gestos desoladores, mientras trataba en vano, de terminar de teclear en su notebook quien sabe que informe urgente e impostergable, estaba impregnado de una urgencia inexplicable por hacer todo a la vez, todo ya y todo bien……y su taza de café seguía en la infructuosa espera de proponerle una cálida y placentera pausa.

Me preguntaba:¿Es esa la manera de vivir la vida?…¿Cuántos minutos le ganaríamos al tiempo si hiciéramos varias cosas a la vez?….¿Porqué la carrera, adonde sentimos que debemos llegar?….¿Cuánto tiempo ahorraríamos?

Desde mi perspectiva creo que hay dos maneras de vivir cada día como si fuera el último. Una es vivirlo con la desesperación de quien se lamenta de todo lo que no hizo, de lo que no alcanzó, de lo que no dijo, y se propone repararlo en el plazo de unas pocas horas.

Las vivirá con angustia, contra reloj y aunque alcance a completar la tarea, quizá no encuentre felicidad, sentido ni paz. Otro modo consiste en vivir ese día con plena presencia en cada minuto. Es decir, estando con quien estamos, haciendo lo que hacemos.

Si estás con tu hijo, tu amigo, tu pareja, tu padre, tu madre, tu hermano o hermana, estás ahí; no miras el reloj; escuchas; sientes; dices. Si lees el diario, lees el diario y si comes, comes. El último día no tendría que ser diferente de los otros, si los otros han sido días realmente vividos en el presente, sin huir hacia un futuro que siempre escapa.

Cuando al científico y ambientalista Michael Lerner, que trabaja con personas con cáncer, le preguntaron cómo viviría sus días ante el anuncio del final, respondió:

 ”Pasaría tiempo con gente que valoro, leería libros, escribiría mis sentimientos y pensamientos, escucharía música, no perdería tiempo en urgencias ni en viejas obligaciones y mandatos, aceptaría la pena de saber que es el último día, pero celebraría la belleza, la alegría y la sabiduría”.

Estas maravillosas palabras bien pueden leerse como un proyecto de vida antes que como una despedida.

Quien viva de este modo cada día, no pasará grandes angustias en el último, no habrá dejado la verdadera vida para el minuto final y no andará haciendo desesperados y postergados trámites existenciales justo antes de que le cierren la ventanilla.

El estilo de vida ansioso y urgido que describen nuestras preocupadas nace de la confusión entre vivir en el presente y vivir en el instante. El instante es fugaz y sin raíces, viene de la nada y se pierde en el vacío.

El presente es el punto de encuentro del pasado (cada paso caminado en la vida) con el futuro (el tiempo hacia donde nuestras potencialidades se proyectan).

El presente es móvil, cambiante, rico, plástico; cuando estamos de veras en él, nos impregna, enriquece nuestro mundo emocional, agrega material valioso a nuestra memoria, nos prepara mejor para lo que vendrá.

En el instante, en cambio, desaparecemos sin concretar nada, sin dejar huellas, sin estar ni aquí ni allá, ni ahora ni después.

Hacemos como que estamos, pero no estamos, prestamos la oreja pero no escuchamos, tragamos sin masticar y, por lo tanto, no nos alimentamos; el hambre (hambre de sentido, de presencia, de significado) nos sigue acosando.

Hemos llenado nuestro estómago sin habernos nutrido.

Hacia 2002, el maestro espiritual Ram Dass (quien antes de seguir ese camino fue un connotado profesor de Harvard) escribió un luminoso testimonio, llamado Aquí todavía , luego de un episodio de salud que lo tuvo al borde la muerte.

Propone allí el arte de hacer una cosa a la vez, de concentrarnos en lo que de veras importa. Lo que importa, si tengo sed, es beber.

Si tengo sueño, es dormir. Si amo, es demostrarlo. Si me hablan, es escuchar. Si necesito, es pedir. Si no sé, es preguntar.

“En el próximo sorbo de té, la próxima respiración, el próximo paso, el tiempo no existe”, escribe Ram Dass.

 ”Cada vez que vivamos plenamente el momento, sentiremos el alivio de estar en el presente eterno.” Parece que una vida plena no requiere de misteriosas ni complicadas recetas ni de ansiosas urgencias, sólo requiere de atención plena en el “estar aquí y ahora”.

Íntimamente….

 

 


  

 Cáscaras y más cáscara….Los Humanos somos como nueces:  circulamos por la vida enfundados en cáscaras tan gruesas, que si algo o alguien no la parte al medio, la pulpa se apolilla de tanto estar encascarada…

¿Qué siente la pulpa? La tristeza ahogante de una soledad evitable….

Porque hay otra opción: que, prudentemente, sondeando la calidad interna de quienes nos rodean, elijamos a esos poquitos ante quienes descascararnos.

Y si no los encontramos en nuestro ámbito inmediato, volvernos tan nómades como sea necesario hasta hallar eso raro y hermoso: un semejante.

Alguien que también tenga el valor de brindarse así: amistosamente. Porque “a-migarse” significa “compartir la miga del pan” (no la cáscara!).

A ver… Busquemos algo más en el diccionario. “INTIMIDAD: Superlativo de intra = más interior / Dícese de la amistad estrecha de un amigo de confianza.”

Digamos también esto: la primera intimidad germina como una semilla impensada. De pronto, hemos abierto una zona interna que nunca nadie había visitado.

Y también el otro saca de sus recovecos aquello que declara ser su zona vulnerable. Después sí: hace falta regar el germinario, dar tierra a la semilla para que eche raíces.

Construir reciprocidades. Estar. Estar estando: escuchando sin juicio.

O compartir silencios (pues podemos conversar con cientos, pero sólo con unos pocos intimarnos callados…).

¿Y si es lastimada nuestra zona vulnerable? Es muy posible: casi siempre quien se atreve a brindarse fabrica decepciones.

Pero esas decepciones no son más que tareas que nos brinda la vida para hacernos mejores: para elegir a aquellos que honren la apertura. Cerrarse no es el modo.

Cerrarse es en-fermarse (tal como en el francés ferme es “cerrado”).

Estar atentos para detectar a aquellos que sean de nuestra misma especie. Y entonces sí: brindarnos. Brindarnos de a poquito, manando la belleza, lo oscuro, las heridas…

Brindarnos solidarios, brindarnos recibiendo, brindarnos gota a gota, hasta darnos enteros. Esta mañana quise decirlo a aquellos que han sabido enseñarme a abrir mis propias cáscaras, y aquéllos que siguen Buscando hasta Encontrar:

INTIMIDADES

Pulpa franca que vierte
sus jugos luminosos…
Pulpa extraña y ardiente
de humano inacabado…

Y de pronto suceden
audaces desnudeces:
renunciar a ser nadie,
abrirse indefendido,
mostrar eso que duele
mientras el otro muestra
su espíritu injuriado
por injustos cuchillos…

Mostrarnos la Belleza
que anima nuestro espacio
oculto, inmaculado,
ungido de Hermosura;
mostrarnos uno al otro
impretendidamente,
sin máscaras que asfixien
la esencia despertada.

Construir la confianza
como quien edifica
con su máximo aliento
puentes, templos, caminos…

Y entonces sí, sucede:
la cáscara se parte
y convida, fragante,
la más íntima pulpa:
el Centro, lo que fuimos
antes de que la vida
asfaltara los prados

que pisamos descalzos…

Nos sabemos completos
cuando el otro nos sabe,
cuando al otro ofrecemos
lo que hay, lo faltante,
lo que pronto seremos,
lo que fuimos, y aquello
que guardamos intacto
para quien lo merezca:

el ámbito recíproco
desde donde ejercemos
la vital transparencia
con que dos se hacen uno

                                                           De Corazón a Corazón

 

                                           FABI 

 

Temor al rechazo….Miedo de Ser

                     

 Nos achicamos, deformamos, estiramos, replegamos… para no experimentar esa sensación tan temida.  

¿Por qué? Primero, es un resabio que nos queda del mamífero que somos, y sobre todo de cuando era bebé: para ese entonces, ser rechazados podía implicar, instintivamente, el abandono y la muerte.

Más tarde, el instinto gregario nos dijo que estar con otros significaba ser más fuertes (=tener más posibilidades de sobrevivir). Otra vez: rechazo= soledad= amenaza de muerte. Pero cuando evolucionamos… comprendemos que no es así! 

 

Podemos superar esas improntas primarias desde las que nos aterra el rechazo. Es más: si no lo hacemos nos sentimos morir de sobreadaptación.

Y lo cierto es esto: el miedo al rechazo rige nuestra vida sólo mientras nos rechacemos a nosotros mismos. 

 De cualquier rechazo podemos sobreponernos, salvo del seguir auto-rechazándonos.

Cuando la persona se va desplegando y se legitima a sí misma, si está decidida a no renunciar a su real identidad, a no negociar lo innegociable, sentirá con zonas menos primarias de sí que ser rechazado podrá ser doloroso, pero no significa morir.

 Qué alivio! Es más: el rechazo de algunas personas, nos dignifica. Y a medida que nos alejamos de ellas quizás pasemos por períodos de duelo, reacomodamiento, soledad, pero poco a poco empezaremos a hallar un nuevo sabor: el de esa confianza íntima que no depende de la aprobación de nadie.

 

Los miedos se van retirando como un planeta eclipsador, renaciendo nuestras refulgencias…  

 

Entonces vamos haciendo nuevas elecciones, tenemos nuevos comportamientos que nos sorprenden a nosotros mismos y, con ello, aparecen personas que jamás se nos habrían acercado si hubiésemos seguido siendo aquéllos: los asustados de Ser.

El rechazo, a partir de entonces, apenas arde un poquito (cuando arde), pero su escozor es bendito al lado de lo que nos significaba vivir comprimidos para caber en la expectativa ajena.

                                                     

                                                       De Corazón a Corazón

 

                                                 FABI 

 

 

Carta para Lucas

 

Antes que nada hijo mío quiero darte las gracias por venir a éste mundo. Tu presencia alimenta la esperanza de que el cambio es posible. Siento tu vibración cristalina. Los latidos de tu tierno corazón no mienten, una nueva realidad se está gestando.

Ruego porque las sofocantes estructuras sociales no marchiten tus sueños y sea capaz de ayudarte a volar para que me transportes hacia una dimensión más pura, en donde la humanidad, toda, celebre y honre la vida.

Sé que si te ayudo, contándote parte de la trama del juego de la vida, también me estoy ayudando porque vos, yo  y todos somos uno, aunque el velo de la ilusión intente hacerme creer lo contrario.

Antes de seguir hablando, te pido que recuerdes que lo que voy a decirte lleva la carga de mi subjetividad, de mis condicionamientos y limitaciones, por eso quiero que tomes este mensaje como una simple referencia y no como una verdad incuestionable.

El juego consiste en recuperar la inocencia

Conectar con nuestra esencia interior para seguir evolucionando. Ahora te parece sencillo, sin embargo, a medida que pasen los días, la sociedad se encargará de adormecerte para que seas funcional a sus intereses y creas que lo real es lo que sucede fuera.

No te rías. Lo digo en serio. La gran mayoría cree que únicamente lo exterior importa, y como le temen a la muerte –porque desconocen que es un proceso de cambio- prefieren ignorarla y hacer de cuenta que vivirán para siempre.

Te mirarán raro si les preguntás por qué no aprovechan la estadía, siendo el juego tan breve. Vivir 90 años implica jugar sólo 32.850 días.

Demasiado poco para desaprovecharlo, ¿no?

Quiero pedirte que, pase lo que pase, no traiciones tu misión de vida. Las pruebas están dispuestas para ayudarte a crecer. Dar pasos en el vacío, siguiendo los dictados de tu conciencia, te ayudará a fortalecer la confianza en vos.

Siempre que puedas optá por el conocimiento vivencial. El conocimiento intelectual es limitado, sirve como marco de referencia pero no te transforma. Abrite a las vivencias, son maestras mutidimensionales que te darán las claves para que recorras tu camino sabiamente.

Aunque te cueste, siempre dá lo mejor de vos sin esperar recompensas

Porque no todos piensan igual. No descuides tus dones. Potenciá tus talentos.

Tu singularidad le aportará a la vida un caudal de inigualable belleza si ponés conciencia en tus actos y sos fiel a tu guía interna.

Nunca dudes en hacerle caso a lo que afluya desde tu corazón

Sobre todo cuando el caos se adueñe del campo de juego, porque esa es tu verdadera brújula.

Si dejás que los deseos programen tus días estarás corriendo detrás de ilusiones que sólo conducen al descontento.

Aprendé a disfrutar cada instante. Conectá con el aquí y ahora.

El futuro es una proyección de la mente y el pasado tiene vida sólo si ponés tu energía al servicio de los recuerdos. Aprovechá tu tiempo. No olvides que todo pasará. No te aferres a nada.

Fluí con la existencia.

No permitas que se oxide tu capacidad de sorprenderte. Escuchá a todos con atención, pero no colecciones verdades prestadas. Buscá siempre tu propia verdad, para que tu mente, cuerpo y espíritu se expresen de manera unificada y no permanezcas dividido.

Esa división es la que hará de tu vida un infierno. También tené presente que tus días serán opacos si dejás que la mente sea el amo de tus acciones, porque no serás capaz de sentir.

Puede que ahora te cueste entenderlo, pero perderás la inocencia para volver a recuperarla. Aprenderás para luego desaprender.

Te llenarás para luego vaciarte.

Te caerás, pero sabrás levantarte con las lecciones aprendidas. Muchos caminos aguardan tus huellas. Quiera la vida que yo, la mamá que elegiste, te sepa guiar….. te  respeto y te  amo por sobre todas las cosas.

Éste mí mensaje finaliza. Sé que algún día seguirás tu propio rumbo…. Estoy agradecida de contar con tu presencia que honra y alegra cada día de mi vida….

Hijo mío celebro tu existencia !!!!!!!

De Corazón a Corazón

MAMI

 

A vos te pido, no me des por conocida.

  

  

No vas a lograrlo; NADIE puede: por más que te esmeres, que seas veraz, auténtica, concisa, abierta… podrás lograr otras cosas, pero no ésa, que todos anhelamos: ser TOTALMENTE comprendido.

 

Porque “comprender” significa, literalmente, “abarcar” (como una región que está “comprendida” entre tales y tales calles).

 

                               ¿Quién puede abarcarnos por completo?

 

Sólo nosotros mismos. Aunque, en lo cotidiano… cuánto quisiéramos ser mejor abarcados por el otro.

 

Pero es muy difícil! Y duele, claro que sí… A veces, el sólo hecho de no ser emocionalmente decodificado por el otro es muy penoso (sobre todo si es alguien amado).

 

Pero peor es aún cuando, además, se está siendo malinterpretado por ese otro, traducido erróneamente, etiquetado… y ese otro afirma, no obstante, con total convicción, que, aunque no lo creas, SÍ TE HA COMPRENDIDO.

 

¿Cómo convencerle de que ESTÁ EQUIVOCADO, que aquél a quien está describiendo NO somos nosotros? El poeta Anzoátegui decía: “Tengo dos silencios: uno cuando callo, el otro cuando hablo y no llego”.

Pero… cuidado: eso también te sucede a la inversa, cuando estás SEGURO sobre “quién y cómo es el otro”.

 

                       EL OTRO ES UN MISTERIO, YO SOY UN MISTERIO PARA EL OTRO.

 

¡Cuántos vínculos podrían descomprimirse si se abandonara la exigencia de SIEMPRE “comprenderse mutuamente“!

 

Porque… no nos confundamos: no es indispensable comprender por completo a alguien para amarlo o apreciarlo.

 

Entonces: puede ser sensato no reclamarle a otro por “no comprenderte”; sí, eventualmente, por tergiversarte, juzgándote a partir de supuestos.

 

No podemos pedir que se nos comprenda, pero sí que se mantengan acerca de nosotros los puntos suspensivos.

 

                        Éste sería uno de los respetos más básicos en cualquier vínculo.

 

Habría que tatuárselo en la frente: “POR FAVOR: NO ME DES POR CONOCIDA!” Y si esto se cultiva recíprocamente… ¡qué buena base para cualquier relación! Ya sea de pareja, entre hermanos, de padres e hijos, entre amigos, de terapeuta-paciente, (de Arquitecto a Arquitecta)…….

Y si eso no es posible (si te dan por sentado, irremediablemente)… habrá que ver QUÉ PESO TIENE ESA INCOMPRENSIÓN: ¿está dentro de lo aceptable?

 

¿Hago yo lo mismo con el otro? Y, por último, ¿hace requerible poner una saludable distancia, (ya sea parcial o completa)?

 

En ciertas ocasiones la vida nos deja sin posibilidad de elegir, forzados a convivir con alguien que tiene una versión falaz o injusta de quienes somos.

 

Entonces convendrá, a veces, darse a conocer a través de palabras y de actos, pero, muchas otras, quizás, ya no insistir.

 

Como decía un personaje de una vieja película: “No des explicaciones: tus amigos no las necesitan, y tus enemigos no las creerán”. Ser fiel a sí mismo, se nos comprenda o no.

 

Tal vez así uno pueda irse de esta vida diciendo palabras como éstas:

  

A PESAR

A pesar de la lucha cotidiana  

conservo en mí una paz que me ennoblece,
y a pesar de que el mundo me entristece
vuelvo a confiar en él cada mañana.

No me deprime la injusticia humana,
no me mancha el dolor, que me ensombrece,
lo mismo que la noche no ennegrece
con su paso el cristal de la ventana.

 Y aunque la incomprensión me desespere,
disimulo la herida a quien me hiere,
y tengo la bondad de sonreír.

Y así, por el Amor en que he creído,
sufriendo, -¡como todos!- he cumplido
con el alto heroísmo de vivir.
 
Pedro Miguel Obligado
 
 De Corazón a Corazón
 
 

 

  FABI